El cántaro catalán

La imagen es contundente. Lionel Andrés Messi Cuccittini (Rosario, 1987), leyenda viva del Fútbol Club Barcelona, con más de mil goles en toda su carrera deportiva y destructor de cuanto récord se le haya puesto a tiro, recibe la Cruz de San Jordi de manos del sedicioso presidente de la Generalidad, Joaquim Torra Pla.

El momento tiene su importancia. Este galardón, otorgado por el gobierno autonómico catalán desde 1981, premia a todos aquellos que hayan brindado un “servicio importante a Cataluña”. Sin embargo, como todo premio y más en este caso, no estuvo exento de polémicas. Dos años atrás, la eminente Rosa María Sardá lo devolvió en aras de su independencia moral y espiritual.

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Volvamos a Messi. Cuando Torra, una vez más (y van…) aprovecha la ocasión para vitorear a los líderes independentistas presos (los ya célebres Cuixart, Romeva, Turull, Sánchez, Junqueras y compañía), todo el Fórum de Barcelona -con el fanatismo de los convencidos- estalla en aplausos. El único que no se pliega al homenaje es, precisamente, Lio Messi: un atleta que ha hecho de la equidistancia y el respeto una marca de fábrica. Un tipo que hace su trabajo y no se mete donde no lo llaman, con todo lo que eso conlleva. No casualmente la propia Cruz de San Jordi premió su “humildad” y su “honestidad”: un tiro en el pie del independentismo radical.

Segunda escena. Concierto de Andrés Calamaro en la ciudad de Barcelona. Otra leyenda viva (compositor de canciones que jalonaron la vida de todos), también hispanoargentino. En plena actuación, saluda afectuosamente a Cataluña, sin privarse de acotar: “Cataluña española”. Ante el tibio repudio del público y haciendo gala de su incorrección política, Calamaro afirma que, como artista, tiene el “compromiso de ofender”. Para más inri, se compara con el actor estadounidense que ya apareció en esta columna, abajofirmante en apoyo al separatismo catalán. El ex miembro de Los Rodríguez dispara a quemarropa: “Yo no estoy aquí para decir lo que la gente quiere oír; eso es demasiado fácil. Para eso está Viggo Mortensen con su discurso antifascista facilón”.

Afortunadamente, el arte supera todos los obstáculos y la noche se cierra con una ovación cerrada, propia de un público entregado.

¿Qué similitudes hay entre estas dos anécdotas y otras tantas microhistorias que suceden a diario en Cataluña (en general) y en Barcelona (en particular)?

Las ya manidas imágenes del llamado “juicio del Procés”, con el magistrado Manuel Marchena llamando al orden al sector más provocador y revoltoso de las defensas se suman también al hartazgo generalizado que, en la mayoría de la población española (que está para otros asuntos), parece provocar el intento cismático catalán.

Deberían tomar nota los dirigentes independentistas. Hace ya mucho tiempo que juegan con fuego y el Frankenstein que crearon en la ya lejana época de Pujol, Carod-Rovira y Maragall puede volvérseles en contra.

Lo dicho. Tanto va el cántaro a Pedralbes que, al final, se rompe.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.