Dos errores

Quienes nos precedieron y creen en la unidad de España y en un orden social tradicional cometieron dos errores en el 78  que se han agudizado desde entonces. De esta forma todos, salvo algunos muy minoritarios, hemos sido responsables de lo que nos ocurre.

El primer error  fue no darse cuenta que las fuerzas separatistas y de izquierda mantenían el viejo pacto de San Sebastián que tumbó la monarquía. Este pacto determinaba ya en la república quienes se aproximaban al poder y quienes quedaban excluidos de él. Este pacto de forma no explícita incluía la destrucción de España, bien para dar lugar a un conjunto de gibraltares vaticanos, como tarde vió Prieto, bien para generar una confederación ibérica frontalmente opuesta a todo lo que hubiese significado España.

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El sistema autonómico permitió a los separatistas disolver la Nación mediante un conjunto de decisiones progresivas que  iban cambiando el orden institucional, hasta la circunstancia actual. Si la presente crisis se supera debe hacerse a través del conocimiento de sus causas y con la firme determinación de no volver a lo que ha producido que, por ejemplo, en un caso nada trivial, en España no se utilice nacional para referirse a lo propio de España en las esferas públicas o que no exista una nomenclatura oficial unificada en español para los distintos lugares.

Así la defensa del “sistema autonómico” que hacen algunos es contradictoria con la defensa de España, en cuanto el sistema autonómico es el que ahora hay con su disparatada deriva. Ya sabemos que es fácil apelar al “auténtico” sistema frente al actual, pero si el “auténtico” que nos dicen no se explicita en todos sus detalles lo que tenemos es una ordenación de poderes dispuesta a destruir al constituyente, es decir, a la nación española.

El segundo error, muy agudo en la derecha, fue la aceptación del marxismo ingenuo. Sin haber dedicado una hora a leer a los marxistas tardíos como Gramsci o a los nuevos del 68. De esa manera creyeron que la buena gestión económica con una aplicación efectivamente socialdemócrata garantizaba la legitimidad negada en el anterior pacto. Querían los medios de producción.  No se dieron cuenta del verdadero proceso al que estábamos asistiendo en todo el mundo; esto es, la imposición radical ideológica lanzada a transformar mediante la destrucción de todas las instituciones el estado de cosas. En esta situación el conservador se veía en una situación de permanente desventaja, y ello en los países donde hubo lucha cultural porque en España se había abandonado. La cultura, las ideas son de izquierdas, la derecha que ya no es tal sólo tiene presencia en los consejos de administración que aplican esas ideas.

Ninguna de las garantías de la Constitución, libertad religiosa, de educación, protección a la familia o a la vida se ha mantenido por la destrucción de las instituciones que las sustentan y por la imposición de leyes directamente ideológicas.

Por eso quien no discuta esas leyes está fuera de camino de recuperación de la libertad de pensamiento, de expresión, de llevar adelante la propia vida.

Por eso, los diversos centros políticos solo nos ofrecen un alto en el camino de la imposición ideológica, tal como ocurrió en los interregnos Aznar y Rajoy.

Los prácticos, los que saben, los que huyen de la supuesta radicalidad, los que nos han administrado, nos llevan al desastre pues su victoria en el mejor de los casos es un breve respiro y en la mayoría, más de lo mismo.

Por eso hay que cambiar ya.