Constitucionalistas, anticonstitucionalistas y post-constitucionalistas

No deja de sorprenderme que todos los comentaristas y expertos que predecían antes de las andaluzas la supuesta marginalidad de Vox como fuerza política, pasen, sin vergüenza alguna, a explicar las razones de su éxito electoral y a avisar de su crecimiento en toda España. Más o menos como hacen con Trump en Estados Unidos. La historia más divertida por patética la he encontrado en el diario El País, donde achacan la victoria de Vox en El Ejido a la falta de librerías en la zona, no sólo una rotunda falsedad, sino un prejuicio elitista que dice mucho del autor y del editor.

Por su parte, el candidato naranja de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, ex primer ministro galo y actual diputado en la Asamblea Nacional de ese país, pide un cordón sanitario contra Vox al que vincula con el fascismo. Mientras, la ministra portavoz de Sánchez dispara desde su atril teóricamente institucional de Moncloa acusando a Vox de anticonstitucional. La lucha de Valls en Francia ya sabemos que se saldó con su rotundo fracaso por lo que sus lecciones políticas deberían tomarse con una cierta dosis de escepticismo; las palabras de Celaá sólo pueden explicarse desde la incultura del actual gobierno o, peor, por su escaso apego a la Constitución que supuestamente dicen defender.

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En realidad pocos partidos pueden competir en constitucionalismo con Vox, la única fuerza que ha luchado con la ley en la mano contra el separatismo catalán, en defensa del artículo 2 de la CE, que dice:” La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (…)”; la única fuerza política que rinde el debido respeto a la bandera nacional en todos sus actos; y el único grupo que siempre finaliza sus eventos con un “Viva España, Viva el rey”.

Para el gobierno de Sánchez, Vox es anticonstitucionalista porque sus socios que le mantienen en el poder sí son los que verdaderamente van contra la Constitución y no ocultan sus deseos de destrozarla. Podemos, acabando con el punto 3 del artículo uno, donde se establece que la forma política del estado español es la monarquía parlamentaria, entre otra serie de amenazas a los derechos fundamentales de los españoles; y los separatistas porque quieren desmembrar la nación que da sentido al texto constitucional.

La falsa acusación se basa, según la portavoz, en que Vox quiere poner fin a las autonomías, recogidas como derecho también en el citado articulo 2 de la CE. Pero la portavoz debe saber que miente si todo el que quiere reformar el texto es tachado de anticonstitucionalista. Para empezar, porque la propia constitución establece los mecanismos necesarios para su reforma; en segundo lugar, porque tanto gobiernos del PP como del PSOE ya han modificado la constitución con varias enmiendas a su articulado y nadie les ha calificado de anticonstitucionalistas por ello, a pesar de les mecanismos exprés de varios de los cambios.

Si echáramos la vista atrás hasta los momentos de la redacción de la Constitución nuestros dirigentes políticos se  darían cuenta de que el régimen de autonomías recogido en el texto constitucional estaba orientado a las llamadas regiones históricas, Cataluña y País Vasco (y en menos medida, Galicia) y que la práctica del «café para todos” fue un desarrollo político posterior con el objetivo de diluir las reivindicaciones de esas regiones. Sin embargo, el resultado no pudo ser más anticonstitucional: en lugar de rebajar las autonomías, éstas se dispararon y se extendieron a territorios donde nunca había habido sentimiento autonómico alguno. Pero, claro, tonto el último. Las necesidades del momento llevó a  todos y cada uno de los gobiernos post-constitucionales a otorgar mayores derechos y competencias no ya a 2 o 3, sino a 17 reinos de taifas.

Porque si algo hay claro, es que la España fragmentada que tenemos gracias a la estructura autonómica es más corrupta, menos eficiente, más despilfarradora y menos España que si fuéramos un estado centralizado. Y por eso Vox está a favor de suprimir las autonomías. Eso sí, a diferencia de Podemos que llama a sus huestes a salir a la calle cuando no le gustan los resultados electorales, desde Vox siempre se ha sostenido un discurso dentro de la legalidad. Se puede y se debe reformar la Constitución si con ello se refuerza España, la democracia parlamentaria, la Corona y, sobre todo, se defiende mejor a los españoles y sus intereses. Al fin y al cabo son los españoles, el pueblo español, el sujeto al que se dedica la Constitución. Decir que se está en contra del debate sobre la reforma del texto constitucional, como argumenta el actual presidente del PP porque es un lío, recuerda en exceso el quietismo de su predecesor y causante de muchos de los males que hoy padecemos.