Ciudadanos y las ocultas razones de una “traición” anunciada

La tan cacareada “regeneración” de Andalucía no pasaba simplemente por desalojar al PSOE, esa era una condición necesaria, pero no suficiente. La clave de la recuperación de Andalucía dependía sobre todo de la rápida formación de un nuevo gobierno con una mayoría suficiente y con la voluntad política para acometer un profundo proceso de reformas.

Este proceso reformista no podía ser gradual sino big bang. La explicación es sencilla, cuando un sistema institucional se encuentra tan degradado como el andaluz, el sistema de reformas incremental tiende a fracasar porque permite la creación de grupos de presión que van ganando apoyos sociales para neutralizar los cambios.

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Andalucía, de nuevo, sacrificada

En Andalucía se da la circunstancia de que estos grupos de presión han sido generados, alimentados y engordados por el régimen socialista durante la friolera de 40 años; por lo tanto, ni siquiera tienen que crearse o fortalecerse porque ya existen y son poderosos. Además, el sistema de reformas incremental necesita un amplio margen de ejecución, lo que significa que estos grupos de presión tendrán también a su favor el factor tiempo.

Así que, en el mejor de los casos, en Andalucía podrá haber acuerdos puntuales para acometer reformas limitadas. Reformas que, en un entorno institucional tan degradado y reactivo como el andaluz, tenderán a ser imperceptibles. Importa, pues, muy poco cuán larga sea la lista de las medidas prometidas, porque el verdadero problema, el ultra estatismo andaluz, no va a desaparecer. Su racionalización dependía de una sólida alianza de Ciudadanos, Partido Popular y Vox. Y esta alianza no se va a producir. De hecho, nunca fue plausible.

Lógicamente, ahora los partidos que podrían haber constituido esa hipotética alianza reformista tratarán de justificarse trasladándose mutuamente la culpa y reafirmándose en determinados argumentos, promesas de cambios imposibles y medidas anecdóticas que dejarán sin tocar la parte del león, como el acuerdo para eliminar los «altos cargos puestos a dedo» en la Junta de Andalucía (a los propios, ya los recolocarán en otro lugar de la espesa jungla institucional andaluza). Pero, de los tres partidos, sin duda el principal responsable de que Andalucía vaya a seguir soportando una Administración mostrenca es Ciudadanos.

Nunca hubo posibilidad de un pacto tripartito

Los resultados de las elecciones andaluzas siempre han tenido mucho más que ver con el cálculo electoral nacional (y con otros cálculos que explico más adelante) que con Andalucía. Desde esta perspectiva (la única válida), la formación naranja jamás ha tenido ningún incentivo para constituir una sólida alianza con PP y Vox. Y por más que haya quienes crean que esto le penalizará en el futuro, no será así.

En realidad, visto su desempeño en Andalucía a lo largo de estos años, es evidente que el partido naranja nunca fue un medio para un fin, sino un aseado más de lo mismo. Y, sin embargo, no le ha ido nada mal. Ser el aliado de Susana Díaz en el anterior gobierno andaluz no le ha penalizado, al contrario, le ha proporcionado 12 parlamentarios más, los mismos que los obtenidos por Vox. Y a nivel nacional, según las últimas encuestas, a punto está de sobrepasar al PP en intención de voto.  

Ciudadanos no busca los votos conservadores sino principalmente los de centro izquierda e izquierda. Votantes que, en general, no se sienten incómodos con las nuevas religiones laicas socialdemócratas (feminismo, generismo, igualitarismo, transnacionalismo…), ni, por lo tanto, con el desaforado intervencionismo administrativo (de ahí el avance de Ciudadanos en las elecciones andaluzas).

Para estos votantes, las expectativas de mejora se circunscriben a una Administración más eficiente, a la sueca, pero en modo alguno más contenida. Si Ciudadanos convence a estos electores, cosa que va camino de lograr, para todo lo demás le bastará con mantener el discurso de unidad nacional y seguir mostrándose como enemigo acérrimo del nacionalismo.

Ciudadanos: un partido de laboratorio

El partido Ciudadanos, en su dimensión nacional, no es un partido, sino una operación de laboratorio pensada y financiada para poner fin a la dependencia de los gobiernos nacionales del apoyo de los nacionalistas. La idea era que actuara como un contrapeso en el eje de la izquierda, un catalizador de pactos transversales que, en todos los supuestos posibles, garantizara la gobernabilidad prescindiendo siempre de los nacionalistas; dicho con otras palabras, Ciudadanos está diseñado para salvar el actual modelo político neutralizando a la peor de sus criaturas: el secesionismo nacionalista.

Que esta operación tuviera éxito dependía de que Ciudadanos se ubicara en el centro izquierda, que es donde está la parte mollar de su votante objetivo, y al mismo tiempo ampliara su radio de acción a todo el centro adoptando los ropajes del socioliberalismo. Para que este disfraz fuera creíble, se puso en marcha, mediante incentivos (notoriedad, promoción y dinero), una joint venture entre socialdemócratas y determinados liberales, especialmente en los medios de comunicación y foros públicos.

Apropiándose de la identidad liberal, Ciudadanos, además de mostrarse como un partido falsamente centrado, podría marginar al liberalismo conservador, que, evidentemente, no se iba a prestar al cambalache. Así, aquel que advirtiera sobre la estratagema podría ser calificado de protofascista, de igual manera que quien critica el modelo autonómico o el artificial paneuropeísmo de la Unión Europea es vinculado a la extrema derecha.

Una potente advertencia para VOX

En honor a la verdad, hay que reconocer que, si la ‘operación Ciudadanos’ hubiera prescindido de cierto equipaje, no habría sido una mala idea en su totalidad. Sin embargo, de todas las operaciones políticas surgidas desde la Gran recesión está resultando ser, pese a las apariencias, la más contraproducente. Básicamente es un muro de contención ante cualquier intento de reforma en profundidad del modelo político. Andalucía es una prueba y, también la premonición de lo que sucederá a nivel nacional si no media un milagro.

Pero, por encima de todo, Ciudadanos es una potente advertencia de cómo el actual modelo político-económico es capaz de generar o, en su defecto, normalizar cualquier iniciativa política asimilándola al statu quo. Un peligro ante el que ningún partido, presente o futuro, es inmune. Es la ley de hierro de las oligarquías.

Mucho cuidado pues con los abrazos de oso, con el “cariño” sobrevenido de determinados medios de información y con las encuestas que empiezan a endulzar los oídos a Vox con su promesa de un efecto bandwagon. En la España política, nada, absolutamente nada es gratis, ni nada, absolutamente nada sucede por simple casualidad.