Borja Sémper corteja a ‘Mimosín’

Entre los dirigentes del ‘viejo’ PP que se mantienen en el ‘nuevo’ destaca la figura de Borja Sémper. El PP ha presumido durante años de buscar y premiar la meritocracia, pero se trata de otra de sus mentiras. En los últimos años, cuando los electores rechazaban a un dirigente, Mariano Rajoy lo recuperaba y le daba un puesto. Forman parte de esta lista de fracasados-premiados Javier Arenas, Alfonso Alonso, Javier Maroto, Jorge Fernández Díaz, Alicia Sánchez Camacho, Dolors Montserrat…

El gusto por los derrotados también lo mantiene Pablo Casado. No sólo ha mantenido a varios de ellos, sino que ha ampliado la nómina en las campañas de esta primavera con el mismo Rajoy, cuyos méritos consisten en haber perdido entre 2011 y 2016 casi un 30% de los votantes y en ser el único presidente desalojado del Gobierno mediante una moción de censura.

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Pero no culpemos sólo a la cúpula del PP. Los militantes también parecen atraídos por el fracaso. Quizás se deba a que en algunos lugares ya hay más militantes que votantes y el jefe puede colocarlos a todos ellos en el aparato que controla.

Construir el futuro con Bildu

Uno de los políticos del PP ungido por la militancia y también por los mandamases de Madrid es el vasco Borja Sémper, representante del ‘PP pop’ que sustituyó a partir de 2008 al PP arisco y malencarado que tanto molestaba al Imperio Progre. En el País Vasco, se está librando una guerra cultural que en Madrid pasa desapercibida: los nacionalistas quieren rehabilitar ahora el terrorismo etarra que les dio la hegemonía política y social fabricando un ‘conflicto’ en el que las dos partes, el Estado español y el pueblo vasco, o sea ellos, cometieron excesos, y que, una vez alcanzada la paz, tocan la reconciliación y el olvido.

Sémper, presidente del PP guipuzcoano desde 2009, pertenece al grupo de los que prefieren acomodarse al nuevo discurso público en vez de combatirlo y por eso afirma que el futuro de la región debe construirse con Bildu. El lema escogido para su candidatura a la alcaldía de San Sebastián revela el cansancio que le producen las ideas y el debate: “No es política. Es San Sebastián”.

Sémper dio por bueno el desplome de las pasadas elecciones generales, en las que el PP obtuvo el peor resultado desde 1979, incluida Guipúzcoa, si servía para que el partido fundado por Manuel Fraga volviese a su eterno viaje al centro, comenzado hacia 1990. “Si el batacazo sirve para reconducir al PP al centro, bienvenido sea”, dijo. Es decir, Sémper se alegra de la trompada que ha recibido el PP  para que éste se adapte a sus opiniones.

También ha cargado contra Vox en varias ocasiones, hasta el punto de oponerse al acuerdo de su partido en Andalucía con los ‘verdes’ y afirmar que si el PP se acerca a Vox él no pinta nada en política.

El arisco Aznar atrajo más votantes

Si al menos Sémper tuviera éxitos electorales se le podría disculpar sus comportamientos, pero es que ha obtenido peores resultados en su provincia que Casado en España entera. El dialogante y conciliador Sémper ha conseguido colocar al PP al borde de la desaparición. Desde 2015, el PP no tiene ningún diputado en esta provincia vasca.

En todas las elecciones municipales celebradas desde 1995, el PP siempre estuvo por encima del 10% del voto, incluso cuando ser concejal suponía convertirse en objetivo de los chivatos y pistoleros de ETA. En 2003, con José María Aznar en la presidencia del Gobierno y después de la guerra de Irak, el PP guipuzcoano consiguió 53 concejales y más de 47.000 votos. En las de 2015, dirigido por Sémper, se redujo a 17.000 votos, que le dieron 7 concejales en cuatro municipios, el mismo número que cuando el PP era AP y en Guipúzcoa lo presidía Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en 1995.

En junio de 2017, producido ya este desastre, Sémper recibió el apoyo de la dirección nacional y la regional y de los militantes, de modo que en el congreso provincial fue reelegido por el 90% de los afiliados.

Sin embargo, los hechos demuestran que los electores premian una política en que no esté guiada por el deseo de caer simpático. En las elecciones generales de 2000, los guipuzcoanos premiaron la dureza contra ETA de Aznar, el mayor ogro de la izquierda hasta la aparición de Santiago Abascal, con el segundo puesto en la provincia: dos diputados y una senadora, a solo 10.000 votos del PNV.

El mensaje ‘Mimosín’ de Sémper puede conseguir lo que no consiguieron las balas y las bombas de los etarras: desvanecer al PP de las instituciones guipuzcoanas.