Agárrame que pacto

Bueno, ya estamos aquí otra vez, papeleta en mano. Y todo apunta a que los resultados serán parecidos a los de las últimas elecciones: el PSOE baja, Ciudadanos se desploma, suben Vox y PP… pero, a la hora de los pactos, como antes: la derecha no suma y los socialistas necesitarán levantar la torre de Babel.

A estas alturas deberíamos saber que buena parte de los españoles ha decidido que quiere a Sánchez de presidente –y presidente de verdad, no un mero inquilino de la Moncloa–. Y hasta que eso no suceda, no se bajarán del burro. Y hasta que no se bajen del burro, los resultados serán siempre diferentes para ser siempre los mismos. Yo, y lo digo con absoluta franqueza, permitiría que se desquitara de una vez. Cuatro años, tal vez menos, y a pasar de página. No hay otro remedio. Porque la dichosa página ya está escrita y no llegará la siguiente hasta que sea leída su última palabra. Dicho de otra manera: hasta que Sánchez no sea presidente, no empezará a dejar de serlo.

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Comprendo, sin embargo, que tres cuartas partes de España no sean de mi opinión y no le vayan a votar, como yo haré, con el único objetivo de quitárselo de encima. Así pues, nos esperan unas semanas con Sánchez, el ineluctable, mendigando apoyos con que auparse a la mayoría. Y por más que Iglesias adopte la más propicia de las posiciones para ser acometido, no le bastará. Rivera, si todo va como se prevé, será insignificante. Casado no puede permitirse renunciar a la oposición y Abascal no ha venido para eso. Por lo tanto: PNV, Esquerra y otros dinamiteros de ese jaez.

Ahora bien, los partidos nacionales acaparan más del 85% de las papeletas y estoy seguro de que la mayoría de esos votantes no desean más pactos con independentistas. Ha llevado su tiempo, pero definitivamente hemos escarmentado. Hasta el más pusilánime de los hombres puede ser chantajeado un número limitado de veces.

Así piensa la mayoría de los españoles; no Pedro Sánchez. Ojo: no digo que esté deseando mandar emisarios a Junqueras. Si pudiera evitarlo, lo evitaría. Pero, ay, el poder y sus seducciones… mal vicio. Y hará lo que ha hecho otras veces: pactar con unos y culpar al resto. “Mirad lo que me obligáis a hacer”. Es como Hulk: no puede evitarlo. Como al doctor Banner, el veneno le corre por las venas. La culpa es de los demás que lo pinchan, soliviantan y cabrean; de las circunstancias que lo acorralan y no le dejan más salida que huir hacia delante rodeado de una nube de devastación. Él no quería, pero…

Por eso hago un llamamiento a la ciudadanía: voten a Sánchez. Y otro al resto de partidos nacionales: denle pronto y fácil la presidencia, en cuanto acabe el recuento. Que no tenga que urdir ni pactar. Que no se incomode siquiera. Está claro que España ha decido infringirse ese castigo. Pues que lo haga. Pero que lo haga Sánchez en solitario, porque aunque está claro que a nuestro país no le conviene una legislatura suya, la otra opción es vernos en cuatro años sin país que legislar.