A cuestas con el voto útil

Una semana después del 28A y apenas unos días antes de que comience formalmente la campaña para las municipales, autonómicas y europeas del 26M ya hemos vuelto otra vez a las andadas con el voto útil. Pero quienes piden que los votantes se pincen la nariz y traspasen sus preferencias  a un hipotético partido ganador, se equivocan. Y mucho.

Primero, porque explican la derrota de los partidos constitucionalistas exclusivamente por la fragmentación del centro-derecha algo que, con los números en la mano, no se sostiene (tan sólo en dos provincias los resultados podrían haber cambiado) y que, para más inri, esconde una falta de comprensión de lo que pasa a la derecha del PSOE: la fragmentación no es la causa sino el resultado de años de mentiras, traiciones y abandono del votante. Y al igual que pasa con los bienes de consumo, si alguien encuentra algo mejor, lo elije.

PUBLICIDAD

En segundo lugar, resulta complejo, a la luz de los resultados de las recientes elecciones generales, determinar quién es el partido ganador que debería beneficiarse del voto útil. Cierto, el PP ha sacado más escaños que Ciudadanos (66 frente a 57) pero la diferencia en apoyo popular es bastante más estrecha (4 millones 356 mil para el PP y 4 millones 136 mil Ciudadanos; 2 millones 677 mil para Vox). Pero estos números son solo una foto de lo que en realidad es una película: el PP es un caballo cuyas fuerzas se van agotando, mientras que sus contrincantes van en continuo ascenso. Y, de momento, parecen imparables. ¿Cuál sería el voto útil en Madrid, por ejemplo, donde las encuestas n o dan con un ganador claro?

En tercer lugar, las europeas, por su peculiar sistema de circunscripción única y la escasa atracción que logran de los españoles llamados a las urnas, se mueven claramente por parámetros distintos, pero en la municipales y autonómicas, las dinámicas también son distintas a las generales, donde las siglas pesan siempre más que los candidatos. La fidelidad del voto en estos niveles es siempre inferior a las nacionales y otra serie de factores, que van desde la cercanía de los candidatos, a la implantación territorial del aparato de cada partido, por citar dos casos, tienen su peso a la hora de decantarse por una opción u otra. No siempre los candidatos del supuesto partido “ganador” van a ser los mejores en términos locales o regionales.

En fin, queda otra consideración, de satisfacción y coherencia personal que, al fin y al cabo, es de lo que se trata al votar.  Sólo con algo impensable, que todos los votantes de Ciudadanos y de Vox hubiesen apoyado al PP, podría haberse producido un vuelco el 28A. Impensable porque aunque las tres formaciones se hubieran puesto de acuerdo, sabemos por experiencia, que en política la suma de 1+1 nunca es dos, sino algo menos. Simplemente, porque muchos que votaría  a un partido concreto, no votan a una coalición en la que no se ven del todo representados o conformes. Quienes en función de llamamiento al voto útil, hubieran dejado de votar a C’s y Vox para pasar a apoyar al PP se estarán ahora preguntando seriamente sobre la utilidad real de su voto.

España, por desgracia, cuenta con un gobierno que miente más que habla. Lo mínimo es demandar una oposición que no mienta y que en esta situación de gravedad para nuestra nación se deje de las luchas infantiles sobre quién es el verdadero líder de la oposición. Que me perdonen mis amigos del PP, pero me parece pueril y repugnante hacerle el juego a un Pedro Sánchez, autoproclamado Rey, por ser los primero en la foto de una ronda de encuentros para la investidura, anunciar que como voto de oposición le negarán su apoyo, pero que esperan que Ciudadanos se abstenga. ¿Contra quien hacen en verdad oposición? ¿Contra el PSOE o contra Ciudadanos?

Y no entro a hablar de Vox contra quienes todos andan conjurados. Aún estoy por escuchar de la boca de tanto demócrata como hay en España la crítica a la decisión de Sánchez de no convocarles a esta ronda pre-investidura. Independientemente de si Vox se hubiera prestado a este juego de tronos, que yo creo que no, es una afrenta a un partido constitucional, con 24 diputados y más de dos millones y medio de votantes. Peor, es un ataque al juego democrático. Pero es lo que uno puede esperar del establishment y sus intereses.

Por eso, olvidémonos del dichoso voto útil, porque el único voto útil es el que se decide libremente, sin miedos ni chantajes.