A casita que hace mucho frío

A casita que hace mucho frío y Ser malos (no sed sino ser, porque a nuestro Presidente por accidente el EGB se lo debieron convalidar sus amigos de la Universidad Camilo José Cela cuando le regalaron el doctorado en modo 2×1) son los dos únicos textos no apócrifos de Pedro Sánchez. Hasta ahí llega la extensa obra vía Twitter de este prócer de la nación, ya que tanto su Manual de resistencia como su tesis doctoral fueron escritos por negros (no de los que trae en barcos y pateras en decenas de miles cada mes, sino de los otros, de los literarios, que también los tiene).

En sus dos breves tweets mencionados en el párrafo anterior, Sánchez expone su pensamiento político de forma sintética pero efectiva y directa: «hacer todo el mal posible, o ser el mal personificado, y luego irse a casa cuando empiece el frío», es decir, cuando la misión esté cumplida y vengan por fin los zombis del Rey de la Noche pisando fuerte a invadir el Norte, ósea España y Europa, que es lo mismo, como en Juego de tronos o Game of Thrones, cuando los ajenos no vivos llegan, saltándose el muro, a eliminar y destrozar la civilización de los habitantes de los Reinos del Norte.

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Esa es la hoja de ruta de nuestro presidente y sus socios leninistas y por ahora les está yendo bien. Los exógenos se están saltando la valla y no hay muros en la mar ni en tierra porque nuestro gobierno así lo desea. Han trazado un modelo a favor de la extinción de los nativos de esta nación, a imagen y semejanza de los gobiernos de Francia, Reino Unido y Alemania. Van viniendo todos los que nos remplazan en oleadas sin fin, llegan desde los lugares del orbe más alejados cultural y genotípicamente posible y sin ninguna probabilidad ni voluntad real de integrarse. Es posible integrar individuos, no comunidades de cientos de miles de hombres agrupados en regimientos hostiles, pero no se disimula más, no se busca que abracen nuestra identidad y cultura, sino que la aplasten y nos remplacen. Nadie pretende engañarse ya, el multiculturalismo es el ejercito que todo lo arrasa y Sánchez el regente del monarca de la noche que lo lidera.

Winter is coming, o el invierno se acerca, es la  principal referencia intelectual de Pablo Iglesias Turrión. Su adorado Juego de tronos ejemplifica muy bien lo que el podemita y principal socio del actual presidente del gobierno y todos sus secuaces desean, que Europa sea invadida por los que no tienen nada. Anhelan la igualdad integral, es decir,  convertirnos a todos en muertos vivientes al servicio de la media luna, o hacernos esclavos de un bolivarismo indigenista mixtificado y revisado y, la verdad, es que por ahora van ganando. La victoria está siendo total, puesto que Casado y Rivera han abrazado el modelo de civilización basado en la extinción forzosa y paulatina de los españoles nativos, no desean que queden huellas genéticas ni culturales de nuestro origen europeo. No serán ellos los que luchen esa última batalla sin balcón. A lo mejor sus votantes deciden no extinguirse y buscan nuevos representantes ajenos al naranja milano, cuando asuman finalmente que ni Casado ni Rivera pretenden salvarnos, prefieren que muramos todos antes de ser tildados de racistas o de poco posmodernos.

A Sánchez le hubiese gustado tener el pelo afro y jugar al baloncesto en la NBA pero puesto que Estados Unidos le pilla lejos de su casita y tampoco él era Larry Bird (un blanco que destacaba, junto a Kevin McHale, en un deporte dominado por los afroamericanos) ha decidido llenar nuestro país de subsaharianos para bajar el nivel del basketball y de la identidad. Sólo así se explica que desde junio a diciembre de 2018, haya traído 64.427 inmigrantes no europeos, la mayoría africanos, un 124,4% más de los que entraron en España el año anterior: «El 90% de los cuales fueron recogidos en el Mediterráneo, a un promedio de más de un millar cada semana, lo que representa el 49,8% de las llegadas por mar de toda la UE» (ABC 05/01/2019). Mientras que la Italia de Salvini dijo basta para poder sobrevivir, nosotros nos vamos suicidando como país, cada vez en dosis mayores, hasta que no quede nada reconocible.

Nuestro presidente quiere que desaparezcamos como etnia, que España deje de estar viva a través de la sustitución demográfica forzosa. Desea que seamos un pastiche sumiso sin raíces, un almizcle afro-quechua de ojos rasgados que reza mirando a La Meca, segregados en 67 taifas distintas. Pretende finalizar el reemplazo étnico definitivo que comenzaron Aznar y Zapatero y que continuó Rajoy. En definitiva, que España deje de existir. Una España muerta, que no moleste, a la que no le importe su pervivencia y unidad, porque ni se reconoce ante el espejo ni conoce su historia o raíces. No se crean ustedes que Casado y Rivera se oponen a ello tampoco, lo ratifican con sus visitas “solidarias” a los puertos donde van llegando los invasores a remplazarnos.

El sueño de Soros (indiscutible Rey de la Noche) se está alcanzando; una España que no se levante airada contra los traidores independentistas, una patria compuesta por no españoles que se acostumbre a las elevadas pagas mensuales que reciben de nuestros impuestos los no europeos y sus hijos, que sustituyen así a los niños que no nos dejan tener a los nativos, a cambio de asumir la identidad local de la taifa separatista de turno en un claro ejercicio de clientelismo agradecido: «En Cataluña, Aragón y La Rioja el 50% de las ayudas las reciben no españoles. En País Vasco más de la mitad de los beneficiados por la ayuda del alquiler son extranjeros (52%)» (El País 15/03/2018). Eso sin contar que dentro del porcentaje de los españoles muchos son en realidad inmigrantes nacionalizados que no sienten adhesión hacia un DNI o un pasaporte que simplemente les abre puertas y les mejora la vida a cambio de nada y que si provienen de Iberoamérica, Filipinas y Guinea logran en tan solo 2 años. Unas largas vacaciones para nacionalizar a los Latin Kings, los Ñeta y los DDP. La sencillez de desintegrarnos.

La España ideal para nuestros gobernantes actuales es la patria asesinada por la corrupción y deslealtad de sus élites políticas. Una España que no proteste, que sea abúlica, exógena, extranjera, completamente anómica, multiétnica. Una Europa que se vaya extinguiendo para siempre, sin luchar, hasta que los habitantes nativos de Europa sean una pieza de museo disecada, anecdótica. Ese es el camino que (emulando a Francia, Reino Unido y Alemania) Sánchez, Iglesias, Casado y Rivera tienen pensado para nuestro país; una España con balcones y banderas en algunos casos pero sin nativos que realmente las logren defender y trasmitir de manera intergeneracional.  Una España convertida en un asilo, puerta meridional de la Europa islámica y cobriza. No quieren que tengamos hijos blancos, las ayudas sólo son para los otros. Nuestro futuro está en manos de los taxidermistas. Nos dicen que adoptemos no europeos o nos extingamos ya, sin protestar.  Molestar no está de moda. No obstante, si todavía ustedes insisten en sobrevivir, puede que haya una última oportunidad de impedir el ocaso cuando el invierno pase. Nuestra última bala bañada en el sol de abril, con pólvora de mayo.

Hay una cosa con la que no contaban todos estos gobernantes espías de los zombis, amigos de los ajenos, súbditos del Rey de la noche y lectores de novelas de fantasía draconianas, y es la llegada de la primavera y el deshielo que ello conlleva. En abril y mayo hay elecciones (generales, municipales y europeas), así que haga frío o no, en abril y mayo podemos mandarles de una vez a casa, para siempre, para que no salgan nunca más de sus lujosas cuevas financiadas con nuestros impuestos, que vuelvan a su procelosa oscuridad. Votemos por la España viva, votemos por nuestra supervivencia. Acudan a las urnas a rebelarse contra los mamporreros de Soros.

En primavera votemos y salvemos nuestras ciudades y municipios, nuestro país y nuestro continente, expulsemos de vuelta a su invierno frío y traidor a los enemigos de la civilización europea, paremos a los que quieren convertir a nuestro país en un muerto viviente y no en una España viva y luchadora. Puede ser nuestra última oportunidad antes de la extinción total de los españoles autóctonos, antes de que los de la media luna o los pandilleros latinos globales nos declaren la guerra civil étnica. Evitemos que se produzca la destrucción de España y su desfragmentación en taifas zombis.

En abril y mayo tenemos la oportunidad de construir un muro democrático y decir no a los enemigos de España, frenar a los que quieren fragmentarla y venderla al mejor postor. Podemos detener a los que pretenden romper más de cinco siglos de unidad pactando con los traidores independentistas. En abril y mayo tenemos el deber de decir no a esos supuestos renovadores (como Casado) a los que les regalaron los masters y muy probablemente las carreras universitarias, y a su corte de corruptos, y demostrar en las urnas que España no es su cortijo ya. Tenemos la oportunidad de enseñarles que mientras se bañan en banderas en los balcones han olvidado a los españoles y a sus hijos (Aznar metió 3 millones de no europeos en nuestro país durante sus años de gobierno). Primavera redentora, primavera que hace que la vida vuelva a brotar. Sana a España.

España no es Ecuador, ni Colombia, ni Bolivia, ni Perú, ni Marruecos, ni Senegal, ni Togo, ni Nigeria, ni Bangladesh. España es la cuna de Don Pelayo, la tierra de Cervantes, de Murillo, de los Reyes Católicos. España, centinela de Las Columnas de Hércules va a despertar. España y Europa no son un invento, nuestra gente no claudica aunque se quede sin capitanes. España viva  y alzada acudiendo a las urnas a recuperar lo que ha sido nuestro desde que los numantinos dijeron antes muertos que rendirnos. Sólo que esta vez elegimos seguir vivos, en las urnas y en las calles. Tenemos la oportunidad de decir que queremos seguir existiendo. Aprovechémosla, démosles juego a los draconianos y mandémosles a casita para siempre, para que no vuelvan a salir al frío. Votemos en abril y mayo para echarles de nuestras ciudades, de nuestro continente, de nuestras instituciones. A casita ya, que lleva demasiado tiempo haciendo mucho frío.