100 propuestas, 100 días: Apoyo a los desempleados mayores de 50 años

No puedo ni imaginar el sufrimiento personal y familiar que supone estar desempleado. El ser humano se hace, crece, madura, se fortalece en el trabajo; con su trabajo se hace mejor, y sin duda contribuye al bienestar de su familia y al progreso económico de la Nación. Trabajar es un derecho y un deber de todos los españoles.

Ese sufrimiento personal, sin duda, será tanto más intenso cuando las posibilidades de volver a la ocupación laboral sean menores. El Gobierno socialista reconoció la semana pasada que existen en España 1,2 millones de españoles mayores de 30 años en la condición de “desempleados de larga duración”. El dato es estremecedor. Duele pensar en tantos compatriotas sufriendo esa penosa situación.

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El pasado viernes el Consejo de Ministros aprobó un nuevo plan trianual dirigido, supuestamente, a prevenir y reducir el paro de larga duración. La receta es la misma: más subsidios, y planes públicos elaborados en papel, sin relación alguna con la realidad de la economía española y las necesidades de las empresas.

El modelo imperante, en que el socialismo continúa, en realidad, supone asumir el fracaso como sociedad y convertir el estado de desempleado en una situación irreversible de discriminación y desesperación.

De nuevo la solución supone olvidar que el Estado no crea riqueza, y que no es su función crear empleos sino facilitar que la propia comunidad nacional pueda emplear a sus miembros desocupados y que, en fin, trabajadores autónomos y pequeños empresarios contraten más, y mejor, con contratos indefinidos, que confieren estabilidad personal y familiar, y son los que permiten a las familias afrontar proyectos de futuro.

La solución de socialistas y socialdemócratas populares ha sido la misma: subsidiar el desempleo, desincentivar el empleo, obtener voto cautivo; incrementar el gasto de las empresas incrementando la presión fiscal y el coste global del trabajador. Obvio es que si al empresario le suben las cotizaciones, buscará empleados que estén dispuestos a trabajar en peores condiciones y con menos salario, para compensar el incremento de la presión estatal. Si a ello le sumamos la entrada masiva e irregular de extranjeros en España dispuestos a asumir esas condiciones laborales – pues compensan la misma con obtención de ayudas extraordinarias -, el escenario es dantesco.

Frente a ello, no caben las medias tintas sino un cambio agresivo de modelo y una apuesta decisiva por el empleo y nuestros compatriotas desempleados. La apuesta es necesariamente la contraria: bajar las cotizaciones a la Seguridad Social de las empresas para que el empresario tenga margen para mantener el salario de sus trabajadores, o incluso incrementarlo; contratando a desempleados de larga duración, que podrán competir en libertad; y en paralelo, implantar programas de formación activa de los desempleados basados en la colaboración Estado-empresa y no en la intervención pública, pues son las empresas las que conocen, de primera mano, las necesidades reales de la economía nacional.

Por ello, proponemos una reducción del 20% de las cotizaciones de la empresa para nuevos contratos, siempre que sean indefinidos, y afecten a trabajadores de larga duración mayores de 50 años, y cotizaciones cero para la contratación indefinida de primer empleo de jóvenes menores de 25 años.

¡Que no os digan que no se puede hacer! Hacedlo!