La patria es un pesebre para el PP y Podemos

Son mucho más parecidos de lo que aparentan sus programas electorales y sus declaraciones de principios. La derecha y la izquierda del Imperio Progre tienen la misma ideología y solo varían en el grado de aplicación de ésta y en asuntos como la amplitud de la propiedad privada permitida a sus súbditos.

¿En qué se diferencia un Mariano Rajoy que afirma que está contra las fronteras de una Manuela Carmena que da la bienvenida a los inmigrantes ilegales que irrumpen por la fuerza en España porque son los más valientes (entonces, cabe deducir que los que vienen a trabajar con los permisos exigidos son los más cobardes) y están dispuestos a hacer “emprendimiento social”?

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Los siete años de Gobierno del PP se los pasó Rajoy repitiendo una y otra vez que lo único importante era la economía, a lo que supeditaba todo lo demás, si es que algo más existía en su cabeza. Al hacer balance de 2017, lo mejor para él no fue el fracaso del golpe de Estado de los separatistas catalanes contra la unidad nacional y la paz social en Cataluña, sino “la consolidación de la recuperación económica, que se nota cada vez más en la situación de los ciudadanos”.

Pero este economicismo no se trata de una obsesión limitada a Rajoy. Cristóbal Montoro explicó que los planes del Gobierno del PP contra los separatistas se limitaban a aumentar el bienestar económico y mostraba su alegría porque las ventas volvían a subir. “A nosotros nos habían elegido para salir de la crisis. Otros creen que te eligen para evangelizar”, declaró en una entrevista.

Aunque esta ‘derecha’ vaya a misa (que va muy poco), su concepción de la vida es exclusivamente materialista. Y en ello coincide con la izquierda, sobre todo con la más radical.

El 12 de Octubre

Como ha hecho en otros años, este 12 de Octubre Podemos atacó con fuerza todo elemento trascendente, histórico, o memorable de la fiesta nacional, con la finalidad de destruir el patriotismo de los españoles y su orgullo por las glorias de sus antepasados. A la acusación de genocidio (¡unos admiradores de Lenin y de Fidel Castro acusando a los demás de genocidas!, ¡ay, que me mondo!), han incorporado a su argumentario que la verdadera fiesta nacional fue el anuncio de una monstruosa subida de impuestos pactada con su valido Pedro Sánchez.

Así lo expresó Pablo Echenique: “La patria no es un rey desfilando en un Rolls-Royce con un séquito a caballo y envolver todo en banderas. La patria es la sanidad, la educación, los salarios, facturas de luz y alquiler asequibles. La patria son las cosas de comer de la gente. Por eso la fiesta nacional FUE AYER”.

La frase “La patria son las cosas de comer de la gente” también la harían suya Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santa María, Cristóbal Montoro y varios millones de sus votantes, que cuentan los sexenios, las dietas, las excedencias y los complementos como las viejas beatas pasaban la cuentas del rosario.

¿Se puede ser más boto que Echenique y sus pares del PP? La patria es el recibo de la luz, la hipoteca del piso, la cita para el ginecólogo, el horario de los autobuses, el cubo de basura que recoge la contrata del ayuntamiento… Vamos, el enchufe en sus dos acepciones.

En cambio no existen el idioma, las catedrales, las tumbas de los abuelos, los juegos de tus hijos, los recuerdos, el pasado, la bandera, el porvenir, el compatriota, sobre todo el que lo está pasando mal. Porque, ¿qué te importa que un padre de familia que vive en tu calle se quede sin empleo, salvo que seas cristiano o patriota… o un revolucionario que busca carne de cañón? ¿Cómo se puede construir, planear o convivir si solo te interesa vale de la empresa para el menú del día o que tu pensión esté ingresada en el banco el día 28?

La partitocracia nos trata como si fuéramos cerdos estabulados en una pocilga a los que contentan con un saco de algarrobas y está convencida de que si nos llenan el pesebre de forraje les seguiremos entregando nuestro voto, ese papel en el que en las democracias actuales han compendiado el honor, la dignidad y la inteligencia personales.

En cambio, el acierto de los separatistas catalanes para levantar un movimiento y mantenerlo ha consistido en ofrecer un sentimiento de comunidad animado por la fuerza del descontento, la imagen de la resistencia a un opresor y la promesa de que todo saldrá gratis.

La lección de la rica Baviera

Las elecciones del 14 de octubre en Baviera corroboran para los abogados del Estado que quieran aprender la lección que la economía no es para los ciudadanos ni lo único importante ni lo principal.

Baviera es el segundo estado con mayor PIB y renta per cápita de Alemania, donde, además, el paro no llega al 3%. Pero el partido que gobierna la región desde 1957, la CSU, perdió un 20% de sus votantes de las elecciones anteriores.

¿Qué explica entonces el malestar de los bávaros y la caída de la CSU y, también, del SPD, al que abandonó la mitad de su electorado? Sin ninguna duda se trata de la condición de ambos de partidos aliados en Berlín de la CDU de Angela Merkel. La coalición aprueba subidas de impuestos, impone la ideología de género, persigue las noticias y opiniones que el Poder considera ‘fake news’… y permite la entrada incontrolada de cientos de miles de inmigrantes extraeuropeos al margen de la legalidad de la UE.

Cuando tus tradiciones, tu identidad, tu familia, tu mundo están en peligro (o sientes que lo están), te despreocupas del tipo máximo del IRPF y la fiscalidad de las SICAV.

A ver si la derecha pancista europea lo entiende de una vez, aunque no lo espero. Por fortuna, ya asoma otra derecha que une pueblo y patria, persona y comunidad.