Son los progres y su maldito discurso

A Laura no la ha matado el ADN de nadie, ni el sexo de nadie, ni sus cojones colgando. A Laura la ha matado un asesino que andaba suelto gracias a la permisividad de las leyes. Un criminal que, después de asesinar a una anciana, a los ocho años ya gozaba de permisos penitenciarios, de los que se valía para seguir atacando a otras personas.

Y gozaba de esos permisos porque nuestra legislación está empapada en memez progre, empeñada en descargar de responsabilidad a las personas y en traspasar esta al conjunto de sociedad, a las condiciones económicas, a los condicionantes culturales…y así.

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Si el sujeto que presuntamente la ha asesinado estuviera cumpliendo una pena de prisión permanente, como corresponde a alguien que con premeditación ha apuñalado hasta la muerte a otra persona – además, indefensa – Laura hoy estaría viva.

Pero son ellos, los progres, quienes se niegan. Son ellos quienes despreciaron al padre de Diana Quer, al que ni siquiera recibieron para no apoyar la pena de prisión permanente revisable (de la que lo que hay que lamentar, al menos para ciertos delitos, es su carácter revisable).

Al señor Sánchez, dizque presidente del gobierno, le ha faltado tiempo para señalar que la prisión permanente no ha evitado la muerte de Laura, como la de tantos otros; supongo que es ocioso recordarle al señor Sánchez que, sencillamente, nadie pidió la prisión permanente en este caso. Es decir, que el problema de la prisión permanente es que no se aplica, no que su aplicación sea inocua.

Y es también un suponer que Sánchez pasará por alto el que la Ley Integral de Violencia de Género – cuya especificidad debiera dotarle de mayor eficacia – tampoco ha servido para nada. Discurso, huelga decirlo, que no le interesa, pero que es un clamor.

El discurso feminista miente cuando señala a la “cultura patriarcal” como responsable de estos crímenes. Y cuando, corolario de ese regurgitar de mantras, propone la educación como panacea, clásico modo de omitir las medidas punitivas, que siempre queda como de derechas.

La estupidez progre no se cansa de repetir que la solución radica en la educación, eludiendo el hecho de que en los países nórdicos, en los que los estándares educativos son más elevados y en los que la igualdad se ha llevado más lejos, la violencia contra las mujeres es mucho mayor que en la católica y machista España (en donde ese tipo de violencia es la mitad que en Dinamarca).

En general, en esto como en todo, el de la educación es un argumento que esgrime quien más escaso anda de ella, como sucede con Adriana Lastra, que parece creer en sus poderes taumatúrgicos precisamente porque la educación le debe de resultar algo ignoto.

Pero si, pese a todo, quieren hacer del heteropatriarcado su objetivo, pueden empezar por reeducar al colectivo al que pertenece el presunto asesino, en el que eso que llaman heteropatriarcado resulta consustancial. Estoy hablando de los gitanos, claro. A ver si hay huevos. O a los inmigrantes, que cometen este tipo de delitos en una cantidad tres veces superior a los nacionales. Cosas que pasan y que no quieren contarnos.

Porque el progresismo necesita salvar al culpable para socializar la culpa. Por eso, en la España de hoy hay que recordar algo tan sencillo como que a Laura no la han matado TODOS los hombres. La ha matado un asesino que estaba en la calle porque el discurso progre lleva dirigiendo la sociedad española desde hace mucho tiempo. Demasiado.

por Fernando Paz.

Fernando Paz Cristóbal, nació en Madrid, en cuya universidad complutense estudió historia, a lo que se ha dedicado profesional y vocacionalmente durante estos años. Además de profesor, ha publicado cinco libros de su mano y ha participado en otras dos obras colectivas.Colaborador en varias publicaciones digitales, interviene con regularidad en los medios del grupo Intereconomía, en cuya televisión dirige y presenta diariamente un espacio dedicado al mundo de la historia y la cultura, “Tiempos Modernos”.