Periodistas españoles sometidos a la censura para no alimentar el ‘discurso de odio’

El brutal crimen de Desirée Mariottini, ha dado la vuelta al mundo, por su especial dureza y crueldad, y a su vez, ha abierto un debate más que necesario en los tiempos que corren.

Desirée fue violada por un grupo de hombres desde la tarde del jueves 18 de octubre. La drogaron, la dejaron inconsciente y abusaron sexualmente de ella una docena de personas. No dejaron que nadie la socorriera. La adolescente falleció el 19, por lo que su calvario duró más de 10 horas. Fue asfixiada, se cree que le taparon la boca con una mano para que no gritara. La autopsia confirmó que existió violencia repetida. Hasta el momento, son cuatro los arrestados por el brutal crimen. Los primeros dos son senegaleses de 26 y 43 años sin documentos legales para residir en Italia. Más tarde cayó un tercer sospechoso, un nigeriano de 46 con permiso de residencia en la capital italiana por motivos humanitarios, informaron fuentes del Ministerio de Interior. Y por último, un gambiano, localizado por la policía en la ciudad de Foggia, en la región de Apulia (sur), en las proximidades de un centro para inmigrantes, presuntamente huyendo de Roma al saberse perseguido.

Desirée Mariottini – Fuente: Facebook

La policía de lo “políticamente correcto”

Hace escasos días asistíamos al enojo de la presentadora de televisión Susanna Griso, cuando uno de sus colaboradores revelaba la nacionalidad de los agresores de la adolescente italiana. Susanna exigía a sus contertulios “no informar” acerca de la nacionalidad de los delincuentes en el caso que sean extranjeros ya que según consideraba la presentadora de Espejo Público, informar acerca de sus nacionalidades es un error porque los ciudadanos “no están lo suficientemente informados”.

Con este episodio, asistíamos nuevamente a una censura que cada vez es más habitual en una serie de medios españoles, censura que va desde la ocultación de nacionalidades hasta la ‘medición’ de según qué expresiones para, según la policía de lo “políticamente” correcto, no alimentar el odio hacia los inmigrantes.

Cuando hago alusiones hacia la policía de lo “políticamente correcto”, no sólo me refiero a un conjunto de medios que actúan obviando en la mayor parte de los casos las nacionalidades y según qué connotaciones para no “alimentar el miedo y la desconfianza hacia la población inmigrante”, sino que existe en la actualidad un programa financiado por el Ministerio de Empleo y de Seguridad Social y el Fondo Europeo de Asilo, Migración e integración que actúa como tal.

Según el programa, Inmigracionalismo, promovido por la ONG, Red Acoge, y financiado por el Gobierno de Pedro Sánchez, palabras como “inmigrante ilegal” para referirse a las personas que están en España en situación irregular, fomenta la criminalización y es un termino incorrecto. Asimismo, este colectivo recoge en un informe una serie de noticias para tratar de poner ejemplos prácticos de cómo se debe y cómo no se debe redactar desde un mero titular, al cuerpo de una noticia.

Portada del informe realizado por la ONG, Red Acoge

El 7 de agosto del año pasado, todos recordaremos el día en el que unos doscientos inmigrantes subsaharianos lograron cruzar por la fuerza el paso fronterizo del Tarajal, este suceso era recogido por la gran mayoría de medios de comunicación y se saldo con un policía herido con fractura de tibia y peroné. El digital de ABC, recogía esta noticia con el titular: “Unos doscientos inmigrantes cruzan a la carrera la frontera de Ceuta”. Según Inmigracionalismo, con este titular “el periódico obvia la brutalidad policial y criminaliza a las personas inmigrantes”. Pero esto no es todo. Según cita la ONG Red Acoge en su informe, destacar la importancia que se le da a los policías heridos desde el texto introductorio, hasta en el pie de las imágenes, es también sinónimo de criminalización a los subsaharianos que accedieron salvajemente a través del paso fronterizo de Ceuta.

Un perfil de Twitter como órgano censurador

Para dar soporte a este programa de lo “políticamente correcto” esta organización cuenta también con un perfil oficial de Twitter. Desde este perfil se actúa en cierta forma como órgano censurador. Y es que desde esta red la ONG señala públicamente a todo aquel medio que no se ajusta con sus códigos de conducta a la hora de informar. Asimismo, este colectivo llega a exigir a través de diversas indirectas que se modifiquen ciertos titulares o entradillas.

Según Inmigracionalismo, ninguna persona es ilegal e invita a Público a modificar la entradilla de una noticia.

Por otro lado, a través de este perfil esta entidad llama continuamente a la denuncia pública de toda noticia en la que detecten la vulneración de sus principios éticos. Con la utilización del hashtag, #Inmigracionalismo y el uso de una aplicación denominada Alerta Discriminación, animan a sus seguidores a denunciar a todos los medios que no se ajusten a sus códigos de conducta. Después esta organización hace públicas estas denuncias a través de su perfil oficial.

 

Cuando lo “políticamente correcto” roza la imbecilidad

Esta demonización de ciertas expresiones y la amplificación casi inmediata en las redes sociales a través de organizaciones como las que he citado está provocando una ola de censura encubierta, donde la extrema corrección política pasa a ser un eje primordial para muchos colectivos.

Hace un par de años, a través de la revista estadounidense Newsweek, se repasaron algunos casos en los que estos códigos de conducta rozaban lo ridículo. Uno de los casos más llamativos fue el de Clyde Lynch, quien presidió durante 18 años el Lebanon Valley College. En su honor, hace un tiempo bautizaron al edificio principal con su nombre. Sin embargo, un grupo de estudiantes comenzó a realizar peticiones de firmas y adhesiones en las redes sociales para cambiar la denominación. Los motivos no dejan de ser sorprendentes. El rechazo no está relacionado con la conducta de Lynch, ni con su trabajo, sino con el significado de su apellido, ya que “lynch”, en inglés, significa linchar y en las peticiones alegaban que el nombre del edificio tenía “connotaciones raciales”. Este caso fue recogido con cierta preocupación por varios medios en Estados Unidos.

Estudiantes demandan que el edificio llamado “Lynch” sea renombrado debido a connotaciones raciales – NBC Philadelphia

Según el reportaje de Newsweek, más de la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos y, de acuerdo con un observatorio de la censura, 217 instituciones (incluyendo algunas de las más prestigiosas) tienen códigos de expresión que “sin ambigüedades inciden en la libertad de expresión“. Conforme avanza esta investigación, se puede apreciar como lo que actualmente sucede en Estados Unidos comenzó con un proyecto similar al que he citado, la semilla de todo fue un pequeño programa universitario que gracias a la financiación pública paso a convertirse en una entidad que en la actualidad actúa como agente censurador en diversas universidades. Según apunta la revista estadounidense, los periódicos universitarios se debaten ante la elección del uso de algunos términos y los estudiantes que hacen uso de frases y expresiones calificadas como “discurso del odio” son señalados por el resto.

Portada de Newsweek que suscitó el debate sobre lo políticamente correcto en Estados Unidos

El magazine no solo apunta hacia casos relacionados con los estudiantes, los profesores también se enfrentan a la posibilidad de ofender accidentalmente a cualquier estudiante y es por eso que en 2016 se llegaron a reconsiderar los planes de estudio y la restricción de las discusiones en clase sólo a cuestiones simples. Un profesor de la Universidad de Brandeis fue sometido a una expediente administrativo por racismo después de usar la expresión “espalda mojada” en clase, que se considera ofensiva y dirigida a los inmigrantes mexicanos que quieren ingresar a los Estados Unidos.

En definitiva, asistimos a un escenario totalmente ridículo en el que la utilización de los términos tipificados como “políticamente correctos” dará paso a que indirectamente recordemos aquellos términos reemplazados, un camino hacia la disminución total del pensamiento crítico que lejos de evitar el “discurso de odio” creará un efecto totalmente contrario ante el sometimiento de entidades que únicamente buscan el beneficio económico bajo esa falsa premisa de no “alimentar el miedo y la desconfianza hacia la población inmigrante” .

por Rubén Pulido.

Jerez de la Fra. (Cádiz) - 1985. Ingresó a los 18 años en el Ministerio de Defensa, durante su etapa militar hasta su excedencia voluntaria (tras más de 11 años de servicio) ha realizado diversos cursos de perfeccionamiento, alcanzando así una serie de aptitudes que le confieren un especial olfato para el análisis de la actualidad en nuestro país. Empresario desde su excedencia, Rubén Pulido se dedica en la actualidad a dirigir inversiones y analizar todo lo que ocurre en nuestro país en materia de inmigración.