La yihad en Europa

La amenaza islamista que sufre el continente tiene su origen en las controvertidas decisiones tomadas por los principales países europeos al comienzo de la década de los 90.

En 1993, Reino Unido concedió asilo a Omar Abu Omar, un teólogo palestino jordano del islam radical, más conocido como Abu Qatada, que gracias a las ayudas públicas británicas creó la primera red para apoyar a los islamistas en Oriente Medio. El cambio de Londres, que en este medio hemos analizado en decenas de artículos, comenzó justo en ese momento.

Reino Unido no fue el único. El resto de países europeos ofreció condiciones favorables a los islamistas, no sólo en forma de oportunidades económicas y redes de seguridad, sino también de libertades y protección política. Las redes del islam se valieron de las facilidades occidentales y los grupos yihadistas comenzaron a arraigarse en las principales naciones.

Durante este período, Europa no era objetivo de estas redes en crecimiento, sino más bien el apoyo logístico. La mayoría de los grupos yihadistas buscaba combatir a los regímenes en sus países de origen, aunque la idea de la internalización de la yihad promovida fundamentalmente por Al Qaeda ya era una realidad.

Europa era la base logística para la propaganda, la recaudación de fondos y el intercambio de ideas. Londres se convirtió en epicentro de esta corriente. El centro neurálgico del extremismo islámico en Occidente tenía acento british.

La complacencia británica con el islamismo posibilitó que Abu Qatada reclutara una legión de fieles. Su influencia como teólogo de la yihad fue significativa y en 1994 lanzó su primera fatua. En ella, el religioso autorizaba ataques contra mujeres y niños en Argelia, además de convertirse en fuente de legitimidad para las proclamas de Osama Bin Laden en todo el mundo.

El dominio teológico de Abu Qatada y el estatus resultante entre los yihadistas, sumado a sus vínculos con Al Qaeda y veteranos de la yihad afgana, así como con otros islamistas de toda Europa, supuso que se convirtiera en uno de los más peligrosos propulsores de odio en Europa y más allá de su base en Londres.

Semillero islamista

Entre los alumnos de Qatada destacaba Abu Hamza, el clérigo que se hizo famoso por su garfio. Hamza perdió las dos manos y un ojo en la yihad afgana, lo que le otorgaba un pedigrí impecable a ojos de sus seguidores. Pronto se hizo con las riendas de la mezquita de Finsbury Park en Londres, la cual convirtió en el puesto avanzado de Al Qaeda en Europa.

Es de justicia señalar que los responsables del centro recurrieron a las autoridades para que expulsaran a Hamza. El islamista se aprovechó de la connivencia del sistema británico y continuó aleccionando a yihadistas en la mezquita, incluidos los responsables del ataque de Londres en 2015.

Cuando fue obligado a abandonar Finsbury Park, Hamza había convertido la mezquita en un eje central de radicalización, convirtiendo a un cúmulo de acólitos en islamistas comprometidos con la yihad con sus sermones y otros materiales, que acabarían apareciendo en posesión de aquellos, planeando y ejecutando atentados terroristas en toda Europa.

Otra figura reseñable fue Omar Bakri Mohamed. Llegó a Reino Unido tras ser expulsado de Arabia Saudí por la creación de Hizb ut-Tahrir, una organización dedicada a la creación de un califato islámico.

En Reino Unido, Bakri fundó Al Muhajiroun para organizar manifestaciones y conferencias, crear una red de islamistas, reclutar combatientes para la yihad y crear un perfil mediático que pudiera hacer sombra a Hamza y sus discursos en Finsbury Park.

Tras los atentados de 2015, Bakri abandonó el país por su relación con los autores del ataque y se refugió en Líbano. Su testigo fue recogido por Anjem Choudary, que en apenas unos meses reconstruyó la organización de Bakri y participó en tertulias y programas de los principales medios de comunicación.

Choudary es el retrato perfecto de una Europa que se negaba a abrir los ojos ante lo que estaba ocurriendo en sus calles. Las autoridades nunca entendieron la naturaleza de la amenaza. Las consecuencias serían nefastas para todo el continente.

por elDebate.es.

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