Un collar de rojo y gualda

«Hoy en día el movimiento vegano/animalista es muy inefectivo y esto, es consecuencia de la apatía y del miedo. Estamos en una batalla que nunca será ganada si no nos radicalizamos y empezamos a luchar. Cualquier intensificación de la acción eco-terrorista será algo bueno” («Hunt Saboteurs Association», Noviembre del 2016).

Circula estos últimos días por los medios de comunicación la noticia de un perro de raza alano español que, en defensa de su hogar ante un ladrón -de nacionalidad rumana y numerosos antecedentes policiales-, propinó bastantes heridas al citado delincuente tras asaltar éste, de noche, su casa con los dueños dentro. Según el relato del caso, el sujeto, pese a ir armado con una barra de hierro y una navaja de considerables dimensiones, sufrió lesiones en brazos, muslos y manos por parte del animal, incluyendo la amputación de varios dedos. Al parecer, fue la propia Guardia Civil quien informó esa misma noche a la familia, del historial delictivo del individuo de marras.

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Ocurría toda la historia en septiembre del año pasado y, por lo visto, el juicio ha sido en este último mes de diciembre del 2018. Lo asombroso de la historia es que, según el relato de prensa, el dueño del can habría recibido una notificación judicial para entregar al animal con vistas a una cuarentena previa a su sacrificio, por considerarse a éste como animal potencialmente peligroso dada la gravedad de las mordeduras infligidas al delincuente. La noticia saltaba así a los medios, con estos titulares, casi de manera consecutiva por cierto a la muerte por disparo policial de la famosa perra Sota, en Barcelona. Los titulares de las diferentes cabeceras ilustraban la noticia con la imagen de un alano -perro de presa, pastoreo y caza-, cuyo collar lucía los colores de la bandera de España (como tantos otros perros de caza españoles, por cierto). Inmediatamente se organiza en Change.org una recogida de firmas para salvar la vida de Curro -que así se llama el alano-, y que según parece, se halla oculto y en paradero desconocido. Recogida de firmas, que suscriben miles de ciudadanos de buen corazón, salvo… ¡oh sorpresa!, los integrantes de las distintas entidades y ONG’s vegano/animalistas de nuestro país, incluido el «PACMA». ¿La razón dada para tal inacción?: pues la supuesta falta de veracidad de la noticia (cierta según se mire, ya que según consejo letrado, los protagonistas del caso se han negado a facilitar, de momento, ningún dato que pueda dar pistas sobre el animal, el juzgado o el pueblecito de la serranía de Huelva donde ocurrieron los hechos, hasta la apelación judicial, prevista para mediados de enero).

Los ataques en redes sociales a raíz de este caso no se han hecho esperar. El criador de Curro, empresario onubense y cazador, ha recibido insultos y amenazas vegano/animalistas, en un sentido, tanto por denunciar la nacionalidad rumana del delincuente, como por su afición venatoria. Y en otro (lo cual ya roza el delirio), por ser supuestamente un facha de «VOX» encubierto, no existir el perro, e inventarse la historia en favor del apoyo a la actividad de la caza y contra el vegano/animalismo y la izquierda española del pensamiento único. Asesino, fascista o xenófobo, son algunos de los piropos que este vecino de Huelva ha recibido hasta ahora por parte de la rabiosa jauría progre de nuestro marxismo cultural patrio. Tal cual. Y como el delincuente del caso es inmigrante ilegal (en libertad provisional), y Curro es perro alano es-pa-ñol, de caza, para más inri con collar rojigualda y su dueño, cazador, pues ninguna televisión de la cuerda lo ha incluido en la programación de sus diferentes parrillas, como sin embargo sí que hicieran en su día con la perra Sota, o con los canes del desdichado rehalero despeñándose por el barranco. Así están las cosas de momento, hasta que dentro de unas jornadas conozcamos más datos del asunto acerca de su veracidad… o, como ladran los fanáticos del «PACMA», sobre su falsedad más absoluta, quien sabe. Unos días, claro, en los que continuarán las amenazas y los insultos, tal y como manda la ordenanza y argumentario “progre”.

No se puede decir que el minoritario e inquisitorial movimiento eco/vegano/animalista nos tenga faltos de noticias ningún día del año. Su estrategia orwelliana, esa que pretende mantener secuestrada la voluntad del votante a base del adoctrinamiento de generaciones enteras, nos da titulares día sí, día también. Saben muy bien los dictadores que su éxito a largo plazo se basa en la publicidad constante. Y más en estos últimos tiempos, en los que nuestros prohibicionistas patrios, por ejemplo, parecen haber decidido como mejor estrategia el hacerse los mártires, ante un supuesto tirano llamado «VOX».

La estrategia del odio para intentar destrozar países a base de aniquilar sus sectores primarios y rurales, no es una moda izquierdista de ahora, como el lector pudiera a lo mejor pensar en base a las últimas nuevas de la actualidad. Qué va. Viene de lejos. Y no siempre la metodología del prohibicionismo pasó por el paciente adoctrinamiento al votante, como efectivamente ocurre hoy en día, ni por los insultos o amenazas en redes sociales. Hasta hace bien poco, la lucha era realmente violenta y delictiva, y no legal ni política como la actual. Y a juzgar por las cosas que vemos que pasan a día de hoy tanto en nuestro país como allende nuestras fronteras, mucho me temo que aquella violencia izquierdista del pasado más cercano, volverá, espoleada por su ancestral miedo a un supuesto fascismo. Para muestra, unos botones. El pasado 26 de diciembre, durante la celebración del “Boxing Day” en Inglaterra (día por excelencia de la tradicional caza del zorro, amén de la apertura de las rebajas de Invierno), una treintena de intolerantes de la progresía vegano/animalista se enfrentaron a puñetazo limpio contra más de doscientos cincuenta mil cazadores de Market Bosworth (Leicestershire), Elham (Folkestone), Hythe (Kent) y también en el condado de Sussex. Resultado de todo ello, varios cazadores heridos aunque, afortunadamente, ninguno de gravedad.

Dos días después, nos llegaba la noticia desde Francia del ataque violento y vandálico de los vegano/animalistas del distrito norteño francés de Lille, a varios establecimientos: la «Carnicería Veys» de La Madeleine, el «Burger King» de la misma localidad, la «Carnicería Henry» de Marquette, y también la charcutería de Marcq. Puertas, ventanas y cristales rotos, paredes pintadas, interiores destrozados y grafittis amenazadores.

Que el movimiento eco/vegano/animalista es delictivo y violento, no es algo cuestionable, pese a que algunos de sus dirigentes se empeñen en negarlo ante las cámaras de televisión. El eco-terrorismo, va impreso a fuego en su ADN. Son delincuentes en estado puro, y así, como terroristas, están catalogados por el FBI desde el año 2002. James F. Jarboe, director de la «Sección de Terrorismo Nacional de la División de Contraterrorismo del FBI», directamente los señala como una de las diez principales amenazas terroristas de nuestro Mundo. Ahí es nada. De hecho, los datos del FBI muestran no sólo las opiniones y conclusiones de Jarboe, sino también los de Bonner Cohen, responsable del «National Center for Public Policy Research» (NCPPR) durante más de una década, y en el que afirma que: 

“El «Frente de Liberación de la Tierra» (ELF) y el «Animal Liberation Front» (ALF), han sido responsables hasta ahora de más de seiscientos actos de terrorismo en EE.UU. durante los últimos diez años, con un costo cercano a los cien millones de dólares. Es un error menospreciar las acciones y atentados vegano/animalistas como mero vandalismo. Los ataques no creemos que se hayan cobrado todavía ninguna vida (sic). Sin embargo la voluntad de estos grupos de utilizar los incendios, las armas de fuego y las bombas para entregar su mensaje, nos dice a todos lo que necesitamos saber sobre su respeto a la vida y a la propiedad”.

Desde que en los años 70 el psicólogo británico Richard D. Ryder crease el concepto de “especismo” (abrazado incondicionalmente por buena parte de la izquierda actual) para aludir al “censurable” hecho ideológico de considerar al ser humano como criatura superior frente a otras especies, los vegano/animalistas no han parado de atentar contra todo aquello que represente un uso o aprovechamiento de cualquier animal como fuente de recursos por parte del hombre. Empezaron en Inglaterra en los 60, invirtiendo enormes cantidades de recursos y de dinero, en sabotear todas las tradicionales cacerías de zorro posibles. De allí, cruzaron el charco, y en los 90 empezaron su campaña pirómana a ambos lados del Atlántico: torretas y cabañas forestales, cuadras de caballos, laboratorios, farmaceúticas, concesionarios de coches, granjas… todo reducido a cenizas o escombros a base de incendios o bombazos de los eco/vegano/animalistas.

En el año 1998, en EE.UU., el «Frente de Liberación de la Tierra» (ELF), perpetra el mayor atentado eco/terrorista del que se tiene noticia hasta entonces, contra el «Vail Mountain Ski Resort» de Colorado, incendiándolo, y ocasionando unas perdidas de más doce millones de dólares. David Blenkinsop, miembro del comando responsable de ese atentado, y todo un experto en poner bombas bajo los coches de empresarios del sector cárnico alimentario y de la automoción, cumplió casi cinco años de cárcel por tal motivo.

Con la llegada del segundo milenio los eco/terroristas deciden quitarse la careta. Lo hacen el 10 de septiembre del año 2002, tras destruir un laboratorio del “Forest Service” de Irvine (Pennsylvania). Tras el ataque, el «ELF» declara:

– “Mientras que la vida inocente nunca será dañada en cualquier acción que emprendamos, donde sea necesario, no dudaremos en tomar las armas para hacer justicia y proporcionar la necesaria protección a nuestro planeta que, décadas de batallas legales, protestas y sabotaje económico no han logrado drásticamente alcanzar”.

El peligro que suponen los terrorista verdes para las economías es algo totalmente desconocido para la ciudadanía y medios de comunicación de cualquier país, pero de una gravedad absoluta. Esto, lo saben bien los empresarios del sector de la piel y el cuero americanos, y que desde el año 2013, han visto con pesar cómo se desestabilizaba toda su industria del curtido y la peletería a raíz de la denominada «Operación Bite Back» en EE.UU. A partir de esa fecha, comenzó la ruina de todo el sector. Rod Coronado, un indio norteamericano, se infiltraba durante un año en el mundo de la industria peletera, investigaba cuáles eran los pilares que sostenían dicha industria, y posteriormente cómo destruirlos. Cuando ya conoció a su enemigo a la perfección, él y la célula del «Frente de Liberación Animal» (ALF) a la que pertenecía, comenzaron la operación «Bite Back» causando enormes pérdidas y estragos a la industria norteamericana. Éste mismo grupo eco-terrorista, es el que junto a la conocida como “Kale Borroka” vasca, presionó vandálicamente durante años contra las corridas de toros en las principales ciudades de Euskadi.

Podría el lector ingenuamente pensar -tal y como el señor Bonner Cohen declaraba unos párrafos más arriba-, que el eco-terrorismo jamás ha atentado nunca contra vidas animales o humanas, sino tan sólo hacia bienes estrictamente materiales. Y nada más lejos de la realidad, tengo que decir. Sin contar los innumerables incendios provocados por estos delincuentes en los que las víctimas han sido seres vivos, o las decenas de asaltos a granjas de todo tipo con resultado de miles de animales “liberados” y posteriormente muertos (con el irreparable daño ecológico consiguiente, como por ejemplo es el asunto de los visones americanos en toda Europa), pues lo cierto es que el eco-terrorismo vegano/animalista sí que ha buscado la confrontación violenta y la muerte de seres humanos. Tal es el caso por ejemplo del periodista investigador alemán Stefan Loipfinger, autor del libro «Die Spendermafia» (La mafia de las donaciones), en el que destapaba todo el sucio entramado del robo, exportación y venta de perros por parte de las protectoras y santuarios de media Europa, y que fue atacado en su propio domicilio después de meses de amenazas telefónicas por parte de la mafia vegano/animalista de las protectoras: le incendiaron la casa con él dentro. Loipfinger tras este atentado y temeroso por su vida y la de su familia, decidió tirar la toalla y abandonar este tipo de investigaciones.

El gen pirómano como podemos ver es dominante en los eco/vegano/animalistas. Casi todo su odio lo resuelven prendiendo fuego a humanos y propiedades. Así, su «modus operandi” favorito, volvieron a repetirlo la noche del 26 de julio del 2011 contra el periodista y crítico taurino francés André Viard cuando, tras amenazarlo previamente con matarlo, el «ALF» prendió fuego a su casa con él y toda su familia dentro. Asumieron a continuación su autoría (como hacen siempre en busca de publicidad mediática) en sus respectivas redes sociales. Viard y su familia salvaron la vida de milagro, gracias a que una de las hijas del periodista se despertó con tiempo suficiente para avisar a los demás.

Otro caso gravísimo y que apenas se hizo eco de él la prensa, fue el ocurrido el 5 de marzo del 2017 en Chile, cuando el grupo vegano/animalista «Individualistas por la Tierra Salvaje» (ITS) de origen mexicano, logra hacer explotar una bomba en el domicilio en La Reina del director de la minera estatal chilena «Codelco», salvando éste su vida de milagro. Con anterioridad el mismo grupo de terroristas ya se había adjudicado los asesinatos de José Jaime Barrera Moreno, funcionario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y jefe de sus servicios químicos, ocurrido el 29 de Junio del 2016, y también el del estudiante Ángel León de la Cruz, del Instituto Politécnico Nacional, que murió tiroteado el 18 de Mayo del mismo año. Como digo en ambos atentados, el «ITS» se adjudicó su autoría, declarando a continuación que, y cito textual:

-“Los heridos y muertos que causamos son una ofrenda de sangre para la vida animal y la Naturaleza Salvaje; y no bromeamos”.

Poco más tarde, el 30 de julio del 2017, también en Chile, en una carnicería del distrito metropolitano de Ñuñóa (Santiago), es sellada por el «ALF» toda la instalación para evitar su apertura al público, y pintado con aerosol el edificio entero. De entre las declaraciones efectuadas por los eco-terroristas tras llevar a cabo esa acción delictiva, se leía lo siguiente:

-“El dinero y el placer de tu paladar no justifica provocar sufrimiento y una vida miserable a millones de animales de otras especies sólo porque a los humanos les de la gana. Sabotearemos estos lugares (de la industria alimentaria) hasta conseguir la liberación de todos los animales no humanos por ser vistos como objetos de consumo».

Aquí en España, también vuelve a palparse hoy la violencia de los fanáticos prohibicionistas. Lo pudo comprobrar en sus carnes el torero José Antonio Canales Rivera la noche del 20 de mayo del 2017, cuando un grupo de vegano/animalistas le propinó una paliza mientras se encontraba cenando con su novia en un restaurante de la localidad gaditana de Zahara de los Atunes. O el propietario del «Circo de Portugal» durante su estancia en Silleda (Pontevedra) en julio del 2017, cuando vio estupefacto como los violentos irrumpían en la carpa durante una función y con el público dentro, golpeando a los diferentes artistas con barras de hierro (incluido él) al grito de torturadores y asesinos, y mandando al hospital a varios de sus empleados con heridas graves. Ningún vegano/animalista fue condenado por ello, ni salió la noticia en ningún telediario.

De la pequeña selección histórica de ataques y atentados eco-terroristas del movimiento vegano/animalista internacional hasta aquí expuestos, y en los que dichas sectas y grupos terroristas se jactan sin ningún pudor de haber causado ya sólo en los EE.UU. más de cien millones de dólares en pérdidas, se saca una única conclusión: el verdadero objetivo de esta casi religión de fanáticos fundamentalistas es que, el día de mañana y a muy largo plazo, nadie, ningún ciudadano, pueda hacer uso de su libertad y derechos a comerse unas gambas a la plancha, una paella, un cordero asado ni mucho menos unas lonchas de jamón de Jabugo. Ese es el inconfesable objetivo no declarado por estos grupos: influir en el legislador para que por ley, en el futuro, quede prohibido el consumo de cualquier producto de origen animal y no sólo alimenticio: miel, lana, seda, cuero… Y mientras ese día llega, adoctrinar mediante lenta y paciente campaña a la ciudadanía, hasta que ésta llegue a abrazar la insalubre religión del veganismo. De hecho, tanto los grupos veganos/animalistas como los partidos políticos que los apoyan (en España «PACMA», «EQUO», «Unidos/Podemos»…) tienen entre sus protocolos de actuación pública la prohibición expresa a todos sus activistas de proclamar a los cuatro vientos la relación directa del veganismo con el animalismo, pues son conscientes que, la suya, es una lucha larga de adoctrinamiento para crear tendencias sociales, y que el ciudadano no les votaría si sospechara que el oscuro e inconfesable objetivo de estas mafias es, conseguir el día de mañana, prohibirle en Nochebuena el disfrutar de sus langostinos y de su asado de cochinillo.

En penosa espera de que todo lo anterior acabe convirtiéndose en una realidad mientras escribo estas líneas, el dueño de un perro de raza alano español, con los colores de la bandera española en su collar, sigue soportando desde un pueblecito onubense los insultos de los que odian a España, sus tradiciones y su mundo rural, mientras espera paciente los resultados de unas alegaciones judiciales que salven la vida de su animal, por defender éste a sus dueños del asalto a mano armada de un inmigrante e ilegal delincuente rumano. Supuestamente, claro; que a lo mejor y como según denuncian el «PACMA», «LIBERA!», «Igualdad Animal» y demás fanáticos patrios, pues todo sería pura mentira para atacarles a ellos, angelitos míos.

España… sigue yendo bien.

por Álex N. Lachhein.

Naturalista de campo, articulista en prensa, y divulgador medio-ambiental en programas de radio como «Caza, Pesca y Naturaleza” (Intereconomía Radio), o «Cuarto Milenio» (Mediaset).Álex N. Lachhein ha trabajado en varios parques biológicos de nuestro país y participado en infinidad de producciones tanto de cine como televisión, en calidad de “Animal Trainer”, siendo a día de hoy, uno de nuestros más acérrimos paladines por la supervivencia del mundo rural.Gran experto en el trabajo de comunicación conservacionista tras más de treinta años de profesión trabajando con animales de todo tipo, es hoy una de las figuras públicas más combativas y polémicas frente al alarde de analfabetismo medio-ambiental y objetivo prohibicionista, del nuevo movimiento eco/vegano/animalista que parece invadir nuestra sociedad occidental de la mano de la corrección política y el marxismo cultural.