Semana Santa: un patrimonio a proteger

Acabamos de estrenar la primavera y, como cada año, el cambio de estación trae consigo un olor especial. Y no me refiero precisamente al olor a tierra húmeda y flores frescas tan propio de esta época que sustituye al frío y la nieve invernal, sino al característico olor a incienso de la Semana Santa, una fiesta caracterizada no solo por su fuerte emotividad, sino también por encontrarse tan profundamente enraizada en nuestra sociedad que no solo evoca tradiciones centenarias, sino que supone una de las expresiones culturales más significativas de España. Y no cabe duda de que si en alguna región española se vive con pasión y fervor la Semana Santa, esa es sin discusión posible Andalucía, donde la conmemoración de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo es un fenómeno sociocultural de primera magnitud. No es de extrañar por tanto que VOX decidiera incluir en su acuerdo de investidura del presidente de la Junta con el Partido Popular el apoyo y la promoción de las expresiones culturales y populares andaluzas, donde, como es obvio, no podía faltar la Semana Santa.

Y es que la Semana Santa no es una fiesta más, sino que es una de las máximas expresiones de la diversidad y de la riqueza cultural que han forjado a la sociedad española en general y a la andaluza en particular durante siglos. Una fiesta que no es de izquierdas ni de derechas, sino de todos, habiendo sido capaz de combinar a la perfección su carácter religioso con el civil, convirtiéndose así en un fenómeno sociocultural de carácter universal. Y es precisamente por ello que la Semana Santa merece un  reconocimiento y una protección especial. Como bien razona VOX en su propuesta no de ley presentada ante la Mesa del parlamento andaluz, con la que busca el reconocimiento de la Semana Santa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la Semana Santa es una expresión que la sociedad reconoce como parte integrante e incluso indisoluble de su patrimonio cultural. Un patrimonio transmitido de generación en generación y recreado a lo largo de los siglos que ha servido de esta forma como forjador de valores e identidades. Un patrimonio, en definitiva, digno merecedor de protección y reconocimiento.

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Porque es evidente que cualquier país que merezca tal nombre debe estar no solo orgulloso de su pasado y de sus tradiciones, sino también dispuesto a promoverlas y protegerlas. Y es por ello que, al igual que se hizo con el Flamenco, con la Revitalización del saber tradicional de la cal artesanal en Morón de la Frontera, o con la Fiesta de los Patios de Córdoba, la Semana Santa debe ser reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, listado que promueve la UNESCO y que supone el máximo reconocimiento y protección al que puede aspirar un bien inmaterial como la Semana Santa. A diferencia de Podemos, que llegó al absurdo de plantear prohibir la Semana Santa, VOX, una vez más, vuelve a demostrar así su compromiso con nuestra cultura y nuestras tradiciones. Falta por comprobar no solo si el Partido Popular va a abandonar sus complejos y a honrar el pacto de investidura, sino también si los demás partidos del arco parlamentario andaluz, Podemos aparte, también lo sienten así.