Rod Dreher: ‘Muchos cristianos hoy en día no son realmente peregrinos, sino turistas’

Hablamos en esta ocasión con Rod Dreher, el autor de ‘La opción benedictina’, una de las obras que más ha sacudido la conciencia de los cristianos de todo el mundo y eso que lleva apenas más de un año publicada.

Sus ideas plasmadas en 2017 –ahora llega a España en una magnífica impresión de Ediciones Encuentro- no han dejado indiferente a ningún lector, ya se haya mostrado partidario o contrario a las tesis que plantea Dreher.

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El autor, columnista en The American Conservative, es un ducho periodista en cuestiones religiosas y, tras años de conocer y meditar sobre el futuro de la religión cristiana, ha plasmado sus conclusiones sobre papel: el cristianismo debe replantearse seriamente la vuelta a sus raíces si no quiere verse consumido por una sociedad harto relativista donde todo y nada es lo mismo.

Occidente, sumido en la peor crisis moral y espiritual desde la caída del imperio romano, ha perdido su razón de ser. La Iglesia Católica, antaño reserva espiritual de la civilización a la que dio vida, no puede o no quiere retornar a lo que un día fue por miedo a ser tachada de anacrónica; parte del clero ha perdido el sentido de lo que significa serlo; muchos creyentes han creído que no hacía falta defender (de palabra y acción) las convicciones porque el mundo en el que vivían perduraría para siempre, o eso creían; el sistema se encarga de ridiculizar los valores y la cosmovisión cristiana, lo que empuja a la práctica totalidad de jóvenes sin carácter a alejarse de ella por desconocimiento o por simple miedo del “qué dirán”…

Hoy, más que nunca, debe ser un tiempo de reflexión, no solo para los creyentes, sino para todos los ciudadanos que provienen del mismo sustrato civilizatorio.

La crisis en el corazón de la Iglesia se profundiza, como en la sociedad actual. Usted es un ejemplo de la necesidad de buscar una espiritualidad cercana a uno mismo. ¿Qué puede enseñar Rod Dreher a aquellos que dudan de su fe?

 

Dudo en proclamarme como profesor. Cuanto más viejo me hago, menos seguro estoy de lo que sé. Pero puedo deciros esto, sin duda, a partir de mis propias experiencias dolorosas de dudas y fe: los cristianos no podemos ser complacientes y asumir que todo irá bien. Tenemos que asumir la responsabilidad de tomar nuevos caminos.

Pongo como ejemplo mi propia vida. Encontré a Cristo cuando tenía veinte años y me convertí al catolicismo. Yo era un católico muy ortodoxo, conservador y dispuesto a defender la fe intelectualmente. Siempre asumí que si tenía las doctrinas y los argumentos claros, mi fe era sólida.

Luego, en 2002, vino el gran escándalo de abusos sexuales en los Estados Unidos. No me imaginaba que la Iglesia estuviera completamente libre de pecado, pero las cosas que aprendí como periodista escribiendo sobre ello me conmocionaron profundamente. Durante los siguientes tres años, luché duro para mantener mi fe católica, pero poco a poco me la quitaron. El golpe final fue saber que un sacerdote que se estaba acercando a mi familia – mi esposa y yo teníamos tres hijos pequeños en ese entonces – fue de hecho acusado de abusar de un niño y nos había mentido al respecto.

Mi esposa y yo perdimos la capacidad de confiar en la Iglesia. Pero no dejamos a Cristo. El protestantismo era imposible para nosotros, pero como católicos, sabíamos que la Iglesia Ortodoxa tenía sacramentos válidos. Con el tiempo nos convertimos en ortodoxos.

Pero decidí ser un tipo de cristiano ortodoxo muy diferente de lo que era como cristiano católico. Lo más importante que aprendí fue que si la fe es sólo una cosa abstracta e intelectual, es mucho menos segura de lo que uno piensa que es. Aprendí que las prácticas – liturgia, adoración y ayuno, por ejemplo – son posiblemente aún más importantes. Y aprendí humildad. Yo era un católico arrogante y triunfalista – esto fue por mi culpa, no la de la Iglesia Católica-. Aprendí que mi actitud política hacia la fe era parte de mi caída.

Al final, recuperé mi amor por la Iglesia Católica, aunque ahora soy firmemente un cristiano ortodoxo. Aconsejo a todos los cristianos -católicos, protestantes y mis compañeros ortodoxos- que cambien su vida para hacer de la búsqueda del Señor en todas las cosas la meta de su vida. Pensé que lo creía antes pero me engañé de nuevo a mí mismo a través del intelectualismo. No hay nada malo en buscar el conocimiento, pero es más importante conocer a Dios en tu corazón y en tus huesos que conocerlo sólo en tu mente.

Muchos comentarios han surgido como resultado de su propuesta de volver a la vida de San Benito como ejemplo. Cuéntenos a qué se refiere: ¿a la vida monástica o al retorno a los orígenes?

 

La mayoría de los cristianos no están llamados a la vida monástica. Nuestra vocación está en el mundo, pero si queremos ser fieles a las vocaciones que Dios nos ha dado, creo que debemos ser más monásticos en nuestro estilo de vida.

Básicamente, eso significa que la fe no puede ser sólo una parte de nuestra vida: debe ser toda nuestra vida. Todo lo que hacemos debe ser ordenado hacia la unidad con el Señor. Debemos tener un fuerte sentido de disciplina espiritual y moral, y también una conciencia de nosotros mismos como una comunidad separada del mundo, aunque vivamos en él.

Ante la pregunta de si debemos evangelizar al mundo, mi respuesta es un rotundo ¡sí! Pero no podemos dar al mundo lo que no tenemos. Los estudios de la fe cristiana contemporánea muestran que mucha gente que dice ser cristiana sabe muy poco acerca de lo que significa ser creyente. En los Estados Unidos, por lo menos, el cristianismo es principalmente sentimentalismo burgués. Debemos retirarnos del mundo hasta cierto punto para profundizar nuestra fe, para que cuando volvamos al mundo en nuestra vida diaria, podamos ser verdaderos portadores de la luz de Cristo.

Si los cristianos son una minoría moral en Occidente, ¿no es esto bueno siempre y cuando signifique un revulsivo para actuar y no para relajarse en la comodidad de lo burgués?

 

Sí, creo que tienes razón. El Papa Benedicto XVI, que es un héroe para mí, predijo en 1969, cuando era sólo un sacerdote, que la Iglesia estaba al borde de una gran crisis. La Iglesia perdería su poder, su riqueza y su estatus, dijo, y mucha gente se iría. Pero los que queden serán los verdaderos creyentes, que permanecen al lado de Cristo sólo porque lo aman. Este pequeño rebaño será un símbolo para un mundo que se ha vuelto frío y solitario, y serán los creyentes los que renueven la fe.

Estamos viviendo bajo esa perspectiva ahora. Debemos abrazar esta cruz como una purificación aunque, definitivamente, sea una cruz pesada.

¿Qué diferencias ve entre el pontificado de Benedicto XVI y el de Francisco?

 

Benedicto XVI tiene una profunda conciencia de la importancia de la tradición y de la liturgia. Él ve a la Iglesia como una roca sólida en un mundo donde todo es líquido. Francisco, en cambio, parece indiferente a la tradición, o incluso hostil a ella. Me temo que bajo Francisco, el camino del desarraigo, e incluso de la disolución dentro de la Iglesia, se está acelerando.

¿Es la Iglesia una solución o un impedimento para el renacimiento del cristianismo? ¿Cómo valora el catolicismo en comparación con otros grupos?

 

Algunas personas me preguntan: “¿Por qué te preocupas tanto por el catolicismo? Dejaste la Iglesia Católica hace muchos años”. Parte de la respuesta es que soy un hombre de Occidente, y la Iglesia Católica es la institución central de Occidente. La Iglesia Católica no es lo mismo que la civilización occidental, pero la salud de la civilización occidental depende de la salud de la Iglesia Católica. No acepto todas las afirmaciones teológicas del catolicismo, pero nunca diría que el catolicismo está separado del cristianismo. Soy ortodoxo, que no es muy conocido en Occidente, pero confío en que si el cristianismo tiene un futuro en nuestra civilización, será un futuro católico.

Y digo esto no por insultar a los protestantes, tengo muchos amigos protestantes y los respeto mucho. Pero el protestantismo no tiene las raíces que le permitirán resistir el poder destructivo de la modernidad secular.  Mi forma de cristianismo, la ortodoxia, tiene esas raíces, pero apenas se conoce en Occidente.

Por otro lado, creo que la Iglesia Católica como institución es a menudo su peor enemigo. No sé si en España, por supuesto, pero en los Estados Unidos, tenemos un serio problema con la autoridad de los obispos y sacerdotes. Parte de esto se debe al escándalo, pero si el escándalo nunca hubiera ocurrido, la Iglesia Católica aún estaría en crisis. A veces parece que el clero católico se avergüenza de ser verdaderamente católico, y tiene miedo de ser considerado fuera de contacto con los tiempos modernos.  

También demasiados padres católicos no quieren preocuparse por enseñar la fe a sus hijos. Confían en las escuelas y parroquias católicas para hacerlo. Esto puede ser un gran error. La forma de catolicismo que los niños reciben en muchos lugares es una especie de vacunación que les impide tomar en serio la fe católica. Recuerdo que en nuestro último año como católicos, en 2005, mi hijo mayor estaba empezando a prestar atención a las homilías de nuestro sacerdote. Casi todos los domingos, discutía la homilía con él en el camino de regreso de la misa, y le decía que lo que el sacerdote dijo en su homilía de ese día no era lo que la Iglesia enseña. No asistimos a una parroquia liberal, pero esto es lo que era la fe en esa parroquia: la cómoda burguesía en oración. ¡Qué terrible fue tener que enseñar a tus hijos a desconfiar de la Iglesia antes de que aprendieran a confiar en ella!

Afortunadamente, hay muchas maneras de conectarse con la auténtica fe católica en estos días, y de encontrar a otros católicos que también quieren lo real. Pero tienes que trabajar duro en ello. Es una dolorosa paradoja que la institución católica sea a veces el mayor obstáculo para formar a tus hijos y a ti mismo en la fe católica. Pero estos son los tiempos en los que vivimos. Podemos sentarnos a quejarnos -como católico, hice muchas quejas inútiles- o podemos hacer algo al respecto. Espero que ‘La opción benedictina’ inspire a los católicos a hacer algo al respecto.

Siempre hay dudas sobre la viabilidad de tomar como ejemplo formas de pensar/actuar que no encajan con el tiempo que tenemos para vivir. ¿Debería la religión ser inalterable con el tiempo o debería adaptarse como el Vaticano ha intentado tantas veces con sus Concilios?

 

Un famoso historiador moderno de las religiones, Jaroslav Pelikan, dijo: “La tradición es la fe viva de los muertos, pero el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos.” Eso es muy profundo y acertado. Es fácil caer en el hábito de adorar las formas tradicionales, olvidando que las formas son sólo signos confiables que nos indican un encuentro con el Señor que cambia la vida. Como conservador, estoy tentado de favorecer la tradición, especialmente porque vivo en los Estados Unidos, que es una cultura anti tradicional.

Debo admitir, sin embargo, que los tradicionalistas pueden ser amargos, rígidos y enojados. Me enojo con el Papa Francisco cuando condena a los católicos ortodoxos por esto, pero no está completamente equivocado. Ningún cristiano que conozca la historia de la Iglesia puede decir que los concilios son siempre malos. Pueden ser necesarios. Sobre el Concilio Vaticano II, creo que llegó en un momento terrible para la Iglesia y el mundo, un momento de revolución cultural. El Papa Juan XXIII abrió las ventanas de la Iglesia para dejar entrar el aire, pero no se dio cuenta de que un huracán estaba soplando afuera.

Nací en 1967, por lo que es cierto que no tenía experiencia de la Iglesia Católica antes del Concilio. Tal vez hubiera acogido al Concilio como una verdadera renovación de una fe que se había vuelto demasiado rígidamente escolástica. Tal vez. Pero es difícil ver dónde está el mundo católico hoy, en 2019, en estas décadas desde el Concilio, y tener la confianza de que era lo correcto.

Soy cristiano ortodoxo desde hace 13 años. Los ortodoxos siguen una liturgia en lengua vernácula (adoramos en inglés en mi parroquia), pero es una liturgia muy antigua. He llegado a valorar mucho esta liturgia. Ver cómo la liturgia me catequizó y formó como cristiano me ha dado una cierta perspectiva de cuánto perdió la Iglesia Católica cuando abandonó su liturgia tradicional. Algunos cristianos ortodoxos se quejan de que nuestros obispos no pueden estar de acuerdo en tener un nuevo consejo para actualizar la fe ortodoxa. Habiendo visto lo que el Vaticano II le hizo a la fe católica… ¡le doy gracias a Dios porque nosotros, los ortodoxos, no podemos estar de acuerdo en tener un nuevo concilio hoy en día!

Como usted señala, parte de la pérdida de fieles por parte de la Iglesia Católica ha sido precisamente por tratar de adaptar un mensaje original a los tiempos, convirtiéndolo cada vez más en algo descafeinado. ¿Es la ortodoxia una forma de salir de esta pérdida?

 

Bueno, sí, eso creo. El protestantismo es un callejón sin salida, en mi opinión.  Los católicos creen que la ortodoxia tiene sacramentos válidos, razón por la cual mi esposa y yo comenzamos a asistir a una parroquia ortodoxa cuando nuestra ira y desconfianza hacia la Iglesia Católica se volvieron demasiado fuertes. No teníamos la intención de convertirnos a la Ortodoxia. Sólo queríamos adorar a Dios en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, aunque no pudiéramos recibirlo allí. No pasó mucho tiempo antes de que nos cautivara la liturgia, así como el hecho de que el tipo de cosas sobre las que los católicos estadounidenses discutían -el matrimonio de homosexuales, por ejemplo- no eran realmente un problema en la Iglesia Ortodoxa. Fue una experiencia extraña ir a la iglesia el domingo y no sentir que estábamos entrando en una arena de batalla.

No quiero dar la impresión de que la Ortodoxia no tiene sus propios problemas. Todos nosotros tenemos que vivir en el mundo moderno y hacer frente a sus desafíos. En la ortodoxia, sin embargo, a través de la liturgia, las prácticas ascéticas y el ethos de la vida de la Iglesia, me siento mucho más capaz de enfrentar esos desafíos. En mi experiencia, los sacerdotes ortodoxos hablan a menudo de los Padres de la Iglesia en sus homilías. En 13 años de asistir regularmente a misa como católico, nunca escuché nada parecido. La Iglesia antigua vive realmente en la imaginación de los fieles ortodoxos de hoy, de una manera que nunca vi en el catolicismo. Para ser claros, no hay ninguna razón por la que esto no pueda ser cierto en el catolicismo. Pero por alguna razón, no lo es, al menos no en la mayoría de los lugares. Usted puede fácilmente tener la impresión de que no había santos antes del Vaticano II.

Qué alegría fue visitar el monasterio benedictino de Nursia, en Italia. La manera en que los monjes de allí celebran la fe se siente como algo fuera de tiempo. Esto es más a lo que estamos acostumbrados en la Ortodoxia. Desearía que más de mis hermanos y hermanas católicos supieran lo que es que las tradiciones de la Iglesia cobren vida. Después de todo, todos los santos antes del cisma del siglo XI también son santos católicos.

Ora et labora. ¿Qué piensa de las asociaciones de laicos cristianos que luchan por impedir que las sociedades occidentales se separen de sus raíces cristianas?

 

¿Se refiere a grupos como el Opus Dei, Comunión y Liberación, Focolares y otros? Si esto es lo que quiere decir, entonces creo que son absolutamente esenciales para mantener viva la vida de la Iglesia Católica. Me han impresionado mucho los frutos que he visto de los católicos en estas organizaciones. Por supuesto que esto también puede ir mal – la Legión de Cristo y la corrupción dentro de sus filas – pero en general, veo católicos que se sienten atraídos por los movimientos que están más comprometidos con la fe, y formados por una comunidad real.

No sé cómo es en España, pero en los Estados Unidos, casi no hay unidad de creencias en la parroquia católica media. Aunque un sacerdote se atreva a predicar lo que la Iglesia realmente cree, será fuertemente criticado por muchos en la parroquia. Por lo tanto, incluso los buenos sacerdotes pueden tener miedo de decir la verdad, porque esto causará división. Sin embargo, si no estás dispuesto a ofender a alguien, entonces no puedes dirigirte a nadie de manera efectiva. Amigos míos que pertenecen a alguno de estos movimientos se unieron a ellos porque buscaban una experiencia más profunda de Cristo como católico. Creo que, en general, es muy bueno que los fieles católicos ortodoxos puedan recurrir a unirse de tal manera.

Idealizamos la vida de las primeras comunidades cristianas de las que se decía “ved cómo se aman”. ¿Es esto lo que la opción benedictina está buscando? ¿Qué debe caracterizar a estas nuevas comunidades?

 

En primer lugar, la alegría. En mi libro, escribo sobre una comunidad laica de católicos en una ciudad italiana. Son el mejor ejemplo que he visto hasta ahora de la opción benedictina. Son profundamente ortodoxos en su fe católica, ¡pero no están enojados por ello!

Esta comunidad, los Tipi Loschi, como se llaman a sí mismos, están separados del resto de alguna manera, pero no le temen al mundo. Como me dijo uno de los fundadores: “Podemos ir al mundo sin miedo, porque sabemos quiénes somos”. Porque todo lo que hacen como comunidad se basa en la formación de la persona en su totalidad, no sólo de la mente. Tienen mucha paz y confianza. En cuanto conoces a esta gente, piensas: “Quiero eso para mí”.

Tercero, debe haber unidad de creencias. Es posible que se llegue a ser demasiado rígido, y debemos tener cuidado al respecto. Pero sin compartir las mismas convicciones básicas, no podemos hacer nada. Los Tipi Loschi creen en el Magisterio de la Iglesia. El Catecismo no está abierto al debate. Tienen un sentido real de estar en una peregrinación juntos, yendo en la misma dirección porque comparten este compromiso básico con la fe católica

Cuarto, estas comunidades de la opción benedictina deben tener un profundo aprecio por la tradición, especialmente la estabilidad que viene de la tradición. Esto también significa que apreciamos profundamente nuestra responsabilidad hacia el futuro. En el mundo moderno, tenemos la idea de que podemos inventar todo como queramos, sin tener en cuenta el pasado o el futuro. Es por eso que muchos cristianos hoy en día no son realmente peregrinos, sino turistas. Es por eso que pierden su camino.

Al crear comunidades que viven, hasta cierto punto aisladas para fortalecer su fe, ¿cree que esto puede generar problemas para la incorporación de sus miembros a la sociedad, una vez deciden volver a salir?

 

Sí, y esto es algo con lo que tenemos que tener cuidado. En mi libro escribo sobre una niña atea, una adolescente ya crecida, que perdió la fe, exactamente igual que sus dos hermanos mayores. Me dijo que sus padres tenían tanto miedo del mundo, y de su impureza, que se mudaron a una comunidad rural católica, para vivir cerca de otras familias que tenían las mismas ansiedades. La niña dijo que para ella y sus hermanos, todo sobre la fe católica tenía que ver con el miedo a la contaminación y al daño. Todos en la pequeña comunidad estaban paranoicos.

Cuando dejó la comunidad para ir a un internado católico, se rebeló fuertemente contra su infancia. Dijo que cuando descubrió que el mundo no era tan malo como decían sus padres, se sintió bastante desilusionada. Aconsejó a los padres cristianos que no hicieran lo que sus padres habían hecho, porque eso destruyó su capacidad de creer.

Así que, sí, esto es una preocupación. Pero creo que muchos padres utilizan esta preocupación como excusa para no adoptar una postura firme. Sólo quieren ser conformistas.

En el caso de mis hijos, esto es lo que mi esposa y yo hemos hecho. Tienen 19, 15 y 12 años. Los hemos educado en una escuela cristiana clásica, y no les hemos permitido tener acceso gratuito a Internet o a la televisión. Pero les hablamos todo el tiempo sobre la vida y el mundo que los rodea, porque mi esposa y yo también amamos las cosas buenas del mundo, y queremos enseñar a nuestros hijos a afirmar y abrazar lo que es bueno. Para ser honesto, estoy seguro de que mis hijos saben más sobre el mundo que la mayoría de los niños de su edad que sólo saben lo que les importa a otros adolescentes y lo que encuentran en YouTube y en las redes sociales. Nuestra meta como padres ha sido protegerlos un poco, pero al mismo tiempo fortalecer su resiliencia interna para que, a medida que crecen, puedan valerse por sí mismos como cristianos en un mundo post-cristiano, sin miedo ni ansiedad. Veremos lo bien que funciona a medida que envejecen, pero hasta ahora, estamos satisfechos con los resultados.

Desgraciadamente, no hay una fórmula garantizada. Todo lo que cualquier padre puede esperar hacer es aumentar las probabilidades de que sus hijos crezcan para amar y servir a Cristo, y a los demás. Mis propios padres eran cristianos culturales solamente, y confiaban en que mi hermana y yo seríamos cristianos también, aunque raramente íbamos a la iglesia. Perdí mi fe cuando era adolescente, y sólo a través de la gracia de Dios la encontré cuando era joven, en la Iglesia Católica. Mis padres no eran malas personas, pero no entendían lo rápido que el mundo estaba cambiando, y cómo su propia separación de la fe, excepto de una manera cultural vaga, estaba preparando a sus hijos para el ateísmo. Incluso antes de casarme, sabía que si Dios me bendijera algún día con hijos, no podría criarlos como fui criado. Los tiempos no lo permiten.

Mis padres pensaron que lo que teníamos duraría para siempre. Estaban equivocados.