Negar el holocausto

Desde el exitoso acto en el Palacio de Vistalegre el pasado mes de octubre, los grandes medios de comunicación españoles han buscado ávidamente el modo de evitar lo que ya entonces se antojaba inevitable: la consolidación de VOX como partido político nacional. En aras de alcanzar ese quimérico propósito, han caricaturizado las propuestas de la formación hasta extremos intolerables (presentándolas grotescamente como machistas, racistas e incluso nazis), han escarnecido a sus militantes y simpatizantes de las formas más groseras, y se han afanado en encontrar máculas en el historial de sus líderes.

Conforme se va aproximando la fecha de las elecciones generales – y, en consecuencia, la de la irrupción de VOX en el Congreso – la campaña mediática se aviva, mostrándose incluso más desesperada que en meses anteriores. En los últimos días, así, la ha padecido en carne propia el historiador Fernando Paz, a quien VOX había designado como cabeza de lista por Albacete para las elecciones y a quien la insidiosa actitud de los medios ha obligado a renunciar.

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Pocas horas después del anuncio de su nombramiento, los medios de comunicación izquierdistas (y también los liberales, por cierto) comenzaban a calumniarlo con insultante desfachatez. En primera instancia, sirviéndose torticeramente de una conferencia que pronunció en la sede de una asociación de ideología dudosa, lo presentaron como ‘pseudohistoriador’ negacionista del Holocausto; y después, rescatando unas declaraciones suyas de hace seis años, lo motejaron de ‘homófobo’, que es el equivalente a la antañona declaración de anatema.

La especificidad del caso

Algunos objetarán que la persecución contra Fernando Paz nada tiene de especial; que los medios de comunicación, embebidos de puritanismo, han auditado el pasado de todos los políticos españoles. Pero esta hipotética objeción no es admisible: al contrario que a otros, a Fernando Paz no lo persiguen por algún trapicheo financiero o por un currículum tuneado a medida, sino por haber expresado unas ideas concretas. Sí, leen bien. ¡Perseguido por haber expresado unas ideas! En la época de la tolerancia.

En la España contemporánea, pueden concurrir a las elecciones personas que reivindican prácticas tan manifiestamente aberrantes como el aborto, la eutanasia o la gestación subrogada, y también asesinas confesas; pero no Fernando Paz, que ha perpetrado el imperdonable crimen de decir que ‘si tuviese un hijo gay, lo ayudaría’.

En verdad, y ya lo hemos sugerido aquí en ingentes ocasiones, la época presente es tan intolerante como cualquier época pretérita. Pero lo es de modo más sutil. Produciendo toneladas de propaganda para consumo de las masas, las élites económicas y mediáticas logran arrinconar las ideas más inaceptables, esas ideas que, por muy verdaderas que sean, ponen en riesgo el statu quo. Así, quien las defiende termina apareciendo ante la comunidad como enemigo del desarrollo social y del signo de los tiempos, como un cáncer que extirpar.

La cuestión judía

Sin embargo, lo de la homofobia no es lo más grave: infinidad de medios de comunicación han llegado a acusar a Paz de negacionismo del Holocausto, delito recogido en el Código Penal. La acusación es, por supuesto, falaz, pero ¿quién ha dicho que la verdad importe en todo esto? El propósito estriba en evitar el florecimiento de un movimiento político que cuestione los paradigmas culturales de nuestro tiempo, y ningún medio que beneficie su consecución será desechado (ni siquiera el más inmoral).

El comportamiento de algunos ha sido, en cualquier caso, más infamante que el de otros. Así, La Sexta ha llegado a recortar unas declaraciones de Paz sobre los juicios de Núremberg, de tal modo que expresasen exactamente lo contrario de lo que él quería expresar. ‘Más periodismo’, que diría Ferreras hinchado como pavo cortejante.

Fernando Paz como símbolo

Lo curioso del caso es que ha unido a grupos editoriales que a menudo consideramos antagónicos. Resulta delicioso ver a Libertad Digital combatiendo en la misma trinchera que La Sexta. Porque, no, Federico Jiménez Losantos, icono de la derecha pretendidamente desacomplejada, tampoco desperdició la oportunidad de sumarse al fusilamiento. El miércoles tanteaba el terreno con artículos lastimosamente escritos por dos de sus perros de presa y el jueves demandaba abiertamente, como un periodista cualquiera de La Sexta, la expulsión de Paz.

A pesar de todo esto, no podemos decir que la efímera aventura política del historiador no haya sido fructífera:  nos ha revelado, en fin, que liberalismo y socialismo – Libertad Digital y La Sexta – comparten idéntica aversión a las posiciones católicas; nos ha revelado, en fin, que ningún católico puede alinearse con esas ideologías sin mostrar una inextricable pulsión suicida.