Lampedusa vive

La procelosa dinámica de los pactos legislativos post electorales comienza a exhibir un panorama dolorosamente normal para nuestro país. Es probable que, pese a la exigencia de renovación en la inmensa mayoría de las comunidades autónomas y los ayuntamientos españoles, nada vaya a cambiar.

El principal teatro de operaciones es -cuándo no- la Comunidad de Madrid y su ayuntamiento homónimo. Tanto José Luis Martínez-Almeida cuanto Isabel Díaz Ayuso se mostraron abiertos y dispuestos a pactar con VOX e, incluso, a incorporar al partido verde en sus equipos de gobierno. Ante esta circunstancia, la estructura territorial de las izquierdas españolas (todas ellas, el agonizante Podemos incluido) tembló desde sus cimientos. La recreación de lo sucedido en Andalucía podría -puede- provocar una reacción en cadena que tiña de azul celeste el rojo morado de infinidad de administraciones locales en España. Lo único necesario para que esto ocurra: consenso y diálogo entre el Partido Popular, Ciudadanos y VOX, el hijo díscolo de la derecha vernácula.

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Y entonces, llegó Albert Rivera.

Con una estrategia sinuosa que incluyó golpes de timón ideológicos -nació socialdemócrata y nacionalista, pero maduró liberal y europeísta-, Ciudadanos se enrocó en una estrategia suicida, si no para ellos, al menos, para la réplica del “gobierno del 2+1” andaluz, en una táctica que sólo puede buscar el voto de desencantados del PSOE y progresistas sin partido. El desdén hacia VOX y sus propuestas (algunas de ellas, paradójicamente, adoptadas en Andalucía) es uno de los ejes discursivos del argumentario riverista.

Planteado este escenario y en un poco común gambito ético, Santiago Abascal aseguró que no se someterá al “chantaje” de la formación anaranjada. No le falta razón: ¿Qué sentido tiene apoyar a quien te desprecia y se burla de tus votantes?

El final es previsible e inquietante. De no consolidarse la coalición entre los muchachos de Génova, Alcalá y Nicasio Gallego, las distintas marcas de la izquierda podrán mantener -suspiro mediante- sus alcaldías y presidencias autonómicas.

Cambiemos, que nada cambia.

por Eduardo Fort.

Soy porteño, es decir, de Buenos Aires. Escéptico, pero curioso y abierto a lo que pueda suceder. Defensor de la libertad -cuando hace falta- y el respeto a los valores occidentales. Amante del cine, la literatura, la música y el fútbol. Creo en Clint Eastwood, Johan Cruyff y Jorge Luis Borges. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá.