La impiedad con los muertos

Doce perros y un venado abismándose veinte metros al vacío de un barranco, son estos últimos días la moneda de cambio o excusa de moda del correccionismo político imperante en nuestra “querida España” -que hubiera cantado Cecilia-. Animales éstos, al parecer, más valiosos que cualquier vida humana, a juzgar por el revuelo que su visión ha causado en miles de personas que los han contemplado en los medios de comunicación. Con ellos, se intenta hoy vender un mensaje de odio por parte de los urbanitas del siglo XXI, y a la par, imponer el tradicional prohibicionismo marxista a nuestros sufridos habitantes del sector rural.
El vídeo con las imágenes de este excepcional accidente, ocurrido durante el desarrollo de una montería tradicional en una finca cacereña, ha corrido como la pólvora gracias a un “ecológico” y mediático personaje reconvertido en nuevo apóstol moral, que lo ha difundido en redes sociales a mayor gloria de sus oscuros -y morados- objetivos políticos. Más de millón y medio de visualizaciones por Twitter en el momento de redactar estas líneas, y su presencia en media docena de televisiones nacionales y prensa escrita o radiofónica, son el resultado de su manipuladora maniobra.
Las intenciones de este sujeto -cabeza visible de una de las más conocidas asociaciones patrias en defensa del lobo ibérico-, a la hora de divulgar las polémicas imágenes… pues parecen claras: agrandar un poco más la tendencia social de los votantes urbanos hacia sus postulados eco/vegano/animalistas, para, entre otras cosas, imponer así la exigida protección legal del lobo en todo el territorio nacional, junto a la prohibición absoluta de la caza y pesca deportiva. Y ya de paso también, conseguirse un silloncito político, para vivir cómodamente del cuento y de las subvenciones, como cualquier ecologista que se precie. Que en realidad, esto último es lo único que le importa. Los lobos, la caza y el mundo rural, son para él tan sólo la excusa para obtener ese premio llamado escaño y una jubilación de oro.
La estrategia de siempre del susodicho pasaba por vender la utópica protección del lobo y, mientras la lucha durase, vivir del conflicto urbano-rural instigado y azuzado por él. Sin embargo, algo se torció en el camino: su prestigio un día quedó en entredicho (fue enjuiciado y condenado en sentencia firme e inapelable como estafador por el robo de la herencia de dos ancianos destinada a la ayuda de animales abandonados), y la teta del lobo se le agotó. ¿Qué hizo entonces? Pues a la vista del auge social del movimiento vegano/animalista y su incipiente -aunque aún minoritaria- aceptación ciudadana, aliarse con él como compañero de viaje, a sabiendas de que ecologismo y vegano/animalismo son dos movimientos opuestos que se repelen como el agua y el aceite. Antecedentes a esta hipócrita actitud ya teníamos: en enero del 2017, «Ecologistas en Acción» otorgaba a la presidente del Partido Animalista PACMA -una señora que no sabe ni distinguir un mirlo de una perdiz-, un premio a su distinguida labor conservacionista y medio-ambiental. “Casi ná”.
Aprovecharse de un accidente excepcional, como es este del venado haciéndose fuerte al borde un barranco mientras los perros obedecen a su instinto, hasta que irremediablemente empiezan a caer por la risquera, es algo ruin y rastrero, propio de miserables. Acusar públicamente al rehalero de asesino y maltratador -un hombre ya entrado en años pero amantísimo de sus perros, del campo y de la caza en general-, cuando éste se jugó literalmente la vida al entrar casi de rodillas al remate de la pieza y al borde mismo del precipicio, es propio de mentes enfermas y manipuladoras. Y provocar a las masas para que “visitaran” a este hombre en su domicilio, publicando en redes sus datos personales y los de sus hijos, sólo lo pueden hacer quienes viven de forma perenne en la cloaca de ese inframundo llamado eco/vegano/animalismo.
Los telediarios de casi todas las cadenas de televisión, fieles a la voz de su amo (el que paga las publi/fórmulas), explotaron hasta lo imposible el accidente de los perros cayendo al vacío, con el objetivo de señalar y criminalizar a todo el sector cinegético español. Sin embargo, que casualidad, olvidaron mencionar por ejemplo en los mismos informativos, a los cazadores que el 8 de noviembre pasado casi se ahogan en Castellón al intentar salvar a sus canes, caídos accidentalmente en una balsa de agua. O los rehaleros que se despeñaron en León en diciembre del 2017 por el mismo motivo. Noticias éstas, que no interesa divulgar en los medios por ser contrarias a la causa dictatorial de la corrección política. La ética periodística de estos mismos profesionales, también fue la responsable de que nunca en televisiones generalistas españolas se hablara de los actos delictivos o casi terroristas de muchos de los eco/vegano/animalistas de este país, como por ejemplo el sujeto que en octubre pasado prendió fuego a un monte navarro para, según él, acabar con los cazadores de palomas apostados ese día en el lugar. O los trece perros de otro rehalero de Figueruelas (Zaragoza), que a primeros de este mes de noviembre fueron envenados hasta la muerte por vegano/animalistas anti-caza, según declaró al Seprona su propio dueño.
Existe al parecer en el evangelio de todos estos fanáticos prohibicionistas rojos, verdes o morados, un amor enfermizo por los animales, y un odio casi visceral por la especie humana. El rehalero del vídeo de los animales despeñándose (que por cierto, tuvo el hombre que llegar al cortado del fatídico agarre desde casi seiscientos metros más abajo, corriendo sobre canchos mojados, muy resbaladizos, y con el corazón al borde del colapso), ha sido insultado, vejado y amenazado de muerte en todas las redes sociales. Como también han sido injuriadas, chantajeadas y amenazadas de muerte en los últimos meses, más de media docena de mujeres españolas amantes de la caza, y que tampoco han sido merecedoras ni de un miserable minuto de atención por parte de los telediarios de este país (¿dónde están las feministas en asuntos así?). Sólo una de ellas llegó el año pasado a aparecer tímidamente en las pantallas de tevisión debido a los truculentos detalles de su caso, al haberse suicidado de un balazo en la boca con uno de sus rifles: era la jovencísima y encantadora muchacha Melania Capitán.
Otros, tuvieron más “suerte” mediática. Cuando murió el matador taurino Víctor Barrio sobre la arena, las hordas eco/vegano/animalistas, felicitaron a su joven viuda por haber un “asesino” menos sobre el planeta, y desearon también su pronto fallecimiento. El cadáver de otro torero muerto en el albero, Ivan Fandiño, paso por igual humillación. Lo mismo ocurrió también con el grave accidente mortal de un menor vallisoletano durante una partida de caza en octubre pasado: vivas y jocosos comentarios de exultantes fanáticos de la causa anti-vida humana, tuvieron que soportar sus progenitores, que acabaron viendo a su hijo “lapidado en plaza pública” por el simple hecho de ser un aficionado a la caza como su padre.
Aunque quizá, la gota más insoportable para la mayoria de personas de bien, la que desbordó el vaso de la comprensión ciudadana, fue la de los furibundos ataques, humillaciones y deseos de pronta muerte que tuvo que soportar el niño Adrián Hinojosa por su temprana afición a los toros. Contaba la criatura ocho años, y sufría cáncer de huesos. Los abanderados de la intolerancia le desearon públicamente la muerte por su deseo confeso de querer ser torero de mayor. Y acabaron consiguiendo hacer realidad sus deseos: Adrián Hinojosa, fallecia un año después debido a su enfermedad. Y con su cuerpo aún caliente, siguieron los malnacidos vomitando vitriolo sobre su tumba.
Poco importa a los fanáticos de la intransigencia el valor de la vida humana y la memoria a los caídos. Lo suyo, es la vehemencia populista y demagógica, para obtener así una mayor cuota publicitaria con la que poder adoctrinar a cada vez más votantes y aumentar de esta forma el número de palmeros. En sus propuestas y programas, la palabra más repetida es prohibir, prohibir y prohibir. Ni son demócratas, ni por supuesto humanistas. Todo lo contrario; el suyo, es un mensaje de aniquilación y exterminio de la raza humana en favor de los animales y una Naturaleza supuestamente inviolable. Meses llevan en Francia atacando y amenazando a comercios alimentarios tales como charcuterías, carnicerías, queserías, etc… Los comerciantes atacados, hartos de los contínuos destrozos en sus locales, han pedido ya al Gobierno protección policial. Aquí, en España, punteros en todo lo malo, no nos libramos tampoco de la lacra, faltaría más. Así, hace unos días, podíamos ver, atónitos, a estos anti-demócratas frente a las puertas de un céntrico y conocido restaurante madrileño especializado en jamones, manifestándose pancarta y megáfono en mano. “No es jamón, es cerdo muerto”, decían.
Hace falta una revisión profunda en nuestro código penal, de los conceptos de libertad de expresión y delitos de odio. No puede ser que cada vez que muere un torero, un cazador, un granjero, un ganadero, un cocinero (sector éste también atacado por cocinar carne o pescado), etc…, haya unos delincuentes que se vayan de rositas tras humillar a víctimas y familiares porque algunos jueces, consideren que todo queda amparado bajo ese intocable y supuesto derecho al verbo del odio. Quienes vestimos la capa de la democracia, la honramos, somos la mayoría de ciudadanos -omnívoros- creyentes en la libertad y el derecho a la vida de las personas por encima de cualquier otra consideración. El pecado de los periodistas de hoy, la auto-censura y corrección politica (el peor de todos) y la ausencia de justicia por parte de quienes deben impartirla, es algo intolerable en una sociedad como la nuestra, cuna de la civilización. Hay pocas conductas comparables ,en miseria moral, a la complicidad de jueces y fiscales con la sinrazón del fanatismo. En democracia, resulta vomitivo que unos pocos, asuman rabiosos el dictado de Creonte: la impiedad con los muertos. Ante quienes los entierran y visten la capa de la libertad, deberían, al menos, callar avergonzados.

por Álex N. Lachhein.

Naturalista de campo, articulista en prensa, y divulgador medio-ambiental en programas de radio como «Caza, Pesca y Naturaleza” (Intereconomía Radio), o «Cuarto Milenio» (Mediaset).Álex N. Lachhein ha trabajado en varios parques biológicos de nuestro país y participado en infinidad de producciones tanto de cine como televisión, en calidad de “Animal Trainer”, siendo a día de hoy, uno de nuestros más acérrimos paladines por la supervivencia del mundo rural.Gran experto en el trabajo de comunicación conservacionista tras más de treinta años de profesión trabajando con animales de todo tipo, es hoy una de las figuras públicas más combativas y polémicas frente al alarde de analfabetismo medio-ambiental y objetivo prohibicionista, del nuevo movimiento eco/vegano/animalista que parece invadir nuestra sociedad occidental de la mano de la corrección política y el marxismo cultural.