La conjura anti-delfín al descubierto

«Un feto humano, sin más sentimientos humanos que una ameba, goza de una reverencia y una protección legal que excede en gran medida a la que se le concede a un chimpancé adulto. Sin embargo, el chimpancé siente y piensa y, según evidencia experimental reciente, puede ser aún capaz de aprender una forma de lenguaje humano. El feto pertenece a nuestra propia especie y se le otorgan instantáneamente privilegios y derechos especiales debido a este factor.» (Proyecto Gran Simio, Peter Singer & Paola Cavalieri, 1993).

Hace unos meses escribí en esta mismas páginas un artículo titulado «Los discípulos de Goebbels» (censurado en Facebook tengo que recordar), en el que hacía un repaso a las bases de la demagogia publicitaria al servicio de un fin político o ideológico. Un texto ese, que miraba en perspectiva los inicios del veganismo, y la mafia de nutricionistas titulados que se esconden a día de hoy bajo ese movimiento político (que no dietético).

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Hoy, podría perfectamente haber escrito ese mismo artículo, y en vez de protagonizarlo como lo fueron hace meses unos veganos de la secta Adventistas del Séptimo Día, pues que lo hubieran sido en este caso unos animalistas rabiosos anti-delfín. Hubiera funcionado igual de bien o incluso mejor y con mayor número de lectores. Porque esa, mi querido lector, es la actualidad de hoy: pan y circo, o lo que es lo mismo, la manipulación de las masas a base de populismo -Ventana de Overton mediante-, para adoctrinar pacientemente a la ciudadanía.

Saltaba la noticia en Internet, y en todas las cabeceras de prensa, radio y televisión: la organización Proyecto Gran Simio, acusaba ante SEPRONA nada menos que al Zoo Aquarium de Madrid, por maltrato animal continuado a través de siete fotografías, un vídeo, y el informe acusador de un veterinario supuestamente experto en mamíferos marinos. Ahí es nada.

A primera vista, acusar de maltratadores a los profesionales de uno de los mejores zoos de Europa sólo a través de unas imágenes de cámara oculta, se antojaba empresa sumamente difícil y poco creíble. Pero hete aquí que los vegano/animalistas, pues resulta que estaban muy creciditos últimamente con su victoria sobre el Zoo de Barcelona y la victoria en generales del PSOE (Ábalos, Narbona y Ribera cuatro años más, eah). Así que debieron de pensar: si podemos con Barcelona, ¿por qué no intentarlo con Madrid?

Dentro de los muchos y variados objetivos del izquierdoso movimiento vegano/animalista de este país nuestro, se cuentan como mucha gente sabe, los zoos y acuarios. Años, llevan los de InfoZoos, Igualdad Animal, Fondo de Liberación Animal, PACMA, AnimaNaturalis, LIBERA!, ZooXXI o Proyecto Gran Simio entre otros, vomitando basura contra las distintas instituciones zoológicas u oceanográficas del Mundo. Su meta populista y prohibicionista, en la línea del marxismo totalitario, es siempre influir en el legislador (el político), para retorcer las leyes a su gusto intolerante. Y para ello, previamente tienen que crear tendencia social favorable a sus intereses, claro. En ello llevan como digo, años y años ya, adoctrinando al pueblo ignorante desde los distintos medios de información de su cuerda.

Contra los delfinarios iniciaron hace mucho tiempo una macro-campaña pública internacional de descrédito, similar a la de los toros, los circos, la caza o la industria alimentaria. A base siempre de mentiras. Debido a ella, muchos parques de Occidente como por ejemplo Sea World, se han ya autocensurado en el manejo de orcas y delfines, por miedo a la opinión pública y el descenso de visitantes. Es la misma historia que la de los circos, que ante la presión y el chantaje, algunos empresarios se han visto obligados a vender o ceder sus animales en un acto de vergonzosa corrección política, para poder seguir trabajando y tener algo que llevarse a la boca. En mi opinión: pan para hoy, y hambre para mañana.

Dentro del sector zoos, el eslabón más débil y minoritario es el de los parques de propiedad municipal. En España, bastantes todavía. Los fanáticos saben que si logran un alcalde “rojeras” en alguno de esos municipios con zoo en titularidad, tienen la prohibición y el cerrojazo de la instalación al alcance de la mano. Y por ahí empiezan. Casos calentitos tenemos ya como por ejemplo el Zoo de Vigo (en el punto de mira de su alcalde), el de Ayamonte (ya desmantelado) o como apuntaba más arriba, el decimonónico Zoo de Barcelona, que de la mano de Inmaculada Colau, se verá obligado a cerrar sus puertas dejando a los barceloneses sin parque zoológico. Empezaron los marxistas primero con su espectáculo de delfines, que consiguieron cerrar. Luego, con el propio delfinario, que lograron clausurar. Y la puntilla, se la dieron hace unas semanas con la sentencia de muerte al parque, firmada por la propia alcaldesa de Barcelona.

En Madrid, los del mencionado Proyecto Gran Simio se han embarcado en una cruzada populista contra el delfinario del Zoo Aquarium de la capital. Aquí el Gobierno “podemita” de la Sra. Carmena no les servía, pues el zoo metropolitano es de propiedad privada y multinacional. Así pues, qué mejor que una campaña pública de injurias y calumnias contra los responsables del zoo acusándolos de maltratadores, para ir creando tendencia social negativa y restando visitantes al parque. Dicho y hecho.

El Proyecto Gran Simio es un despropósito peligroso y desconocido aún para muchos, que sufrimos en España gracias al PSOE del ex-presidente Zapatero, que lo apoyó vehementemente en su día. Reclama un igualitarismo moral entre humanos y resto de simios como gorilas, chimpancés y orangutanes, para otorgarles a estos antropoides derechos morales y legales a través de una ansiada y futura Declaración de Derechos Simiescos de la O.N.U. En España, dirige el cotarro nada menos que el señor Pedro Pozas Terrados, un guardia civil del SEPRONA. En su historial de chantajismo y presión social, se cuentan ya algunos éxitos como el de la mona Cecilia, una chimpancé a la cual una juez argentina, increíblemente y a petición de estos fanáticos, otorgó el “hábeas corpus” declarando al antropoide objeto de derecho como “animal no humano”. Hoy, vive en Brasil en un supuesto retiro dorado de uno de esos lucrativos neo-zoos a los que ahora, eufemísticamente, se llama santuarios, gestionado como no, por Proyecto Gran Simio. O dicho de otra manera: yo te robo el animal bajo el paraguas de la justicia, para después encerrarlo en otro zoo más grande de mi propiedad, y lucrarme con él bajo el cuento del bienestar animal, sus derechos y blablablá. Y todo legal y bajo el beneplácito de una supuesta mayoría social. Ole, ole y ole…

A simple vista pudiera parecer que esta campaña de acoso y derribo contra el Zoo Aquarium de Madrid es muy novedosa pero… que va; forma parte de un plan del marxismo cultural estratégicamente planeado hace muchos años ya. Era en el 2010 cuando los balas perdidas del Sr. Pedro Pozas denunciaban por primera vez al zoo madrileño como maltratador de sus delfines y, por extensión, del resto de sus animales al mantenerlos en cautividad y fuera de su hábitat. En esa tacada también denunciaron a los delfinarios de Barcelona, Tarragona y Málaga. ¿La excusa?: maltrato animal e incumplimiento de la Ley de Zoológicos. Y para justificar el que “los de los simios” se preocuparan ahora también por orcas, delfines y focas, los del “Gran Simio” se sacaron de la manga una nueva línea de trabajo llamada Proyecto Cetáceo Libre, dirigida entonces por un veterinario y biólogo marino de la cuerda, y delegado de la citada ONG en Ceuta y Melilla. Con el fichaje de un facultativo de sus propias filas que les avalara en el plano técnico/científico, proclamaron a continuación que sus objetivos eran bien claros. Cito literal:

– “El cierre de todos los delfinarios y orcarios de nuestro país por maltrato, y la lucha por los tres derechos fundamentales de los cetáceos (la vida, la libertad y no ser torturados ni física ni psicológicamente)”.

A este respecto argumentaron también que exigían el reconocimiento legal de derechos para los mamíferos marinos porque… “éstos, se reconocen a sí mismos explorando partes de su cuerpo, pueden aprender un idioma (…), poseen personalidad propia, enseñan a otros delfines”…, estando considerados hoy por debajo intelectualmente del cerebro de un chimpancé. Esto es, con la inteligencia de un niño de tres años; motivo por el cual, se exigía entonces para los delfines (y lo siguen exigiendo ahora) el tratamiento jurídico de “personas no humanas”. Ha leído usted bien mi paciente lector: “personas NO HU-MA-NAS”. Tal cual.

A esa primera denuncia, la Comunidad de Madrid tras la obligada inspección, no le hizo ni caso al no observar ninguna infracción por parte del zoo capitalino, archivándola sin mayor trámite. El enfado de Pozas y compañía (menudas son las “joyitas” que le rodean) fue monumental, amenazando entonces con recabar más informes técnicos y firmas colegiadas, pues ellos insistían en el maltrato.

Desde entonces el acoso y derribo a zoos y acuarios no ha parado. Y como al de Madrid se la tenían jurada, pues Pozas y los suyos decidieron “internacionalizar el conflicto” a imagen y semejanza de la estrategia de Puigdemont, y su particular exportación del asunto independencia catalana más allá de los Pirineos. Sólo que en vez de una agencia externa de la O.N.U. de tres al cuarto y a sueldo de “Cocomocho”, los del “Gran Simio” ficharon al demagogo capitán Paul Watson, ex-miembro de Greenpeace, líder del grupo pro-cetáceos Sea Shepherd Conservation Society, y que dicho sea de paso, ni es capitán, ni tampoco persona querida en muchos puertos de mar. En algunos de ellos de hecho, le esperan con orden de arresto y expulsión inmediata incluida. Este sujeto inclasificable (autor de la famosa frase “No importa la verdad, sino lo que el pueblo crea que es verdad”), y dentro de una campaña anti-delfín “Urbi et Orbe”, coló furtivamente el año pasado a uno de sus comandos en el delfinario de Madrid para obtener vídeo y fotos de los delfines allí residentes. «Operación 404» llamaron a este operativo. En diciembre del 2018 ultimaron un dossier con siete fotografías y un vídeo, para demostrar lo maltratadores que eran los biólogos y veterinarios del Zoo Aquarium de Madrid. Dossier que Watson y los suyos divulgaron en su página web a modo de denuncia pública, y que pasó sin pena ni gloria hasta que hace unos días, Pedro Pozas, líder patrio de los “Grandes Simios”, decidió poner en manos de un veterinario español experto en delfines para que certificara el maltrato. Pero como resulta que la inmensa mayoría de especialistas de este tipo, trabajan todos dentro de zoos y oceanarios, pues resulta que sólo encontró a un pobre infeliz en el mercado libre, miembro del partido PACMA, vegano, animalista, opuesto a la lidia, militante del grupo anti-taurino Gladiadores por la Paz, y con un montón de plazas de toros asaltadas a sus espaldas. Eso sí: de experiencia veterinaria en delfines, cero patatero. Pero como no había otra cosa mejor, pues el bueno de Pedro Pozas se resignó a poner a la zorra, al cuidado de las gallinas, ocultando lo más posible de paso, el citado currículum y patente conflicto de intereses. ¿A que estos datos, mi querido lector, no se los había contado antes ningún otro medio de comunicación?

El elegido en cuestión, no tiene desperdicio ni por donde cogerle. Responde como Agustín González, malagueño, con clínica “mascotera”, y numero dos por las listas electorales del partido PACMA. Experiencia con pequeños animales y fauna silvestre, sí, pero directa con delfines, ninguna (salvo alguna colaboración con el Gobierno canario en asuntos sin especificar sobre avistamientos de cetáceos). El sujeto, violento como un “Rey Chatarrero” más (a decir por los que lo han tenido enfrente), pues no tiene complejos y menos aún, esconde su ideología intolerante. Así pues, ha estado presente no sólo boicoteando corridas sobre la mismísima arena de Las Ventas de manera pública y notoria, como mencionaba más arriba, sino que, encima, ha sido promotor de cuanta manifestación, asalto o boicot activista haya tenido lugar en los últimos años en los delfinarios de este país. De sus declaraciones públicas en redes y medios, entresaco dos o tres perlas. Cito literal:

– “Es una aberración pagar casi treinta euros por entrar a un delfinario, cuando por la mitad de ese precio, puedes ver delfines directamente en su medio mediante cualquier empresa de avistamientos marinos” (la pela es la pela; hay que cuidar el negocio).

– “Dar una alimentación vegana a un perro o un gato no es en absoluto peligroso (..) ni tampoco es contra-natura” (supongo que al igual que todos en PACMA, piensa que ni tan siquiera es maltrato).

– “Esto es Cádiz… Kichi, eres un asesino de mierda, que has esperado a que terminen las elecciones para asesinar palomas, ¿no? Existen piensos anticonceptivos… A ver cuántos de sus hooligans me eliminan… (comentario este de sus redes sociales, a cuentas del control de plagas de palomas).

El pienso anticonceptivo al que hace referencia el comentario anterior, es Nicarbazina pura, un veneno anti-coccidios prohibido en España, que causa degradación de los huevos y pollos. Pasado de dosis, ni esteriliza ni nada, sino que te cargas al animal de forma dolorosa. Eso, sin contar conque el principal depredador de la paloma es el halcón peregrino, que acabaría tragándose el veneno y muriendo también. Menudo animalista, y menudo veterinario, que no sabe ni lo que defiende.

El facultativo de marras este, expertísimo según él y su padrino de “espalda plateada”, certifica a través de siete fotografías y un vídeo obtenidos con cámara oculta… ¡¡¡y sin haber pisado el delfinario madrileño ni haber auscultado a un solo delfín!!!, que Lala, una de las hembras de cuarenta años de edad, está gravemente enferma al igual que su compañera Guarina, y que los nueve ejemplares de delfín mular del Zoo Aquarium de Madrid padecen todos conjuntivitis, debido a la mala calidad del agua de sus piscinas y que viven torturados, esclavizados, y obligados a trabajar incluso estando enfermos. Eah… Y con esas mismas palabras, ha estampado su firma colegiada en un certificado veterinario, y ha denunciado ante el SEPRONA al Zoo de Madrid por posible maltrato animal recogido en el artículo 337 del Código Penal, y por incumplimiento de la Ley 31/2003 sobre conservación silvestre en los parques zoológicos. Casi nada. Ahora, ya es famoso. Como decía Warhol, los cinco minutitos de gloria, no se le pueden negar a nadie.

En el zoo madrileño, los que SÍ que saben, los expertos de verdad, los que conviven con sus animales las 24 horas del día, y que son toda esa legión de especialistas que velan de sol a sol por el bienestar de su familia de delfines, están que ni se creen que la ignorancia y el analfabetismo sea de tal magnitud, como para que nadie y mucho menos una autoridad, pueda dar pábulo ni credibilidad a una lista de sandeces tan descabellada. Lala, en efecto, padece una dermatitis crónica (como cualquier persona podría tenerla), que ni le impide su actividad diaria habitual, ni es un peligro para el resto de sus congéneres, tal y como asegura el iluminado experto de Málaga. Y los técnicos del parque madrileño, la mantienen junto a sus compañeros de manada porque, lo contrario, esto es, aislarla en una piscina de cuarentena, no le curaría su patología dermatológica sino que la agravaría debido a la incapacidad para hacer ejercicio y al stress de sentirse sola. Y eso, sí que sería maltrato en un animal tan activo y socialmente dependiente de los suyos, como es un delfín. Y así, todas las demás acusaciones. De conjuntivitis nada de nada. Ojos abiertos y cerrados sin ningún problema. Y aguas más limpias que las del océano, sin contaminación, ni mercurio, ni micro-plásticos ni nada de nada; que para eso tienen esas piscinas las mejores y más caras depuradoras del mercado. Lo mismo que las sardinas que componen el alimento de los cetáceos: pescadas allí donde el mar tiene el menor índice contaminante de todo el planeta. A precio de oro cada sardina, oiga. ¡Menudo maltrato!

En fin, que el mal ya está hecho. El Zoo Aquarium de Madrid ha sido puesto en la picota de la opinión pública, acusado de graves delitos penales y ocupando las portadas de la prensa nacional. Ahora, la Comunidad de Madrid se verá obligada a elevar la oportuna inspección y a elaborar un informe. Y cuando los resultados estén concluidos, acuérdese mi querido lector: ningún medio de comunicación los sacará en primera plana. Difama, que algo queda. A usted, sin duda, le quedará pues la sospecha de que algo de todo esto hubiera podido ser mínimamente cierto. Que cuando el río suena… ¿verdad?

Espero y deseo que cuando las autoridades vuelvan a dar carpetazo a esta nueva denuncia, el Zoo de Madrid les plante a Pedro Pozas Terrados y sus secuaces, una querella criminal por injurias y falsedad en documento, que los deje temblando tanto penal como patrimonialmente el resto de su vida. No se merecen menos los “Grandes Simios” estos…

por Álex N. Lachhein.

Naturalista de campo, articulista en prensa, y divulgador medio-ambiental en programas de radio como «Caza, Pesca y Naturaleza” (Intereconomía Radio), o «Cuarto Milenio» (Mediaset).Álex N. Lachhein ha trabajado en varios parques biológicos de nuestro país y participado en infinidad de producciones tanto de cine como televisión, en calidad de “Animal Trainer”, siendo a día de hoy, uno de nuestros más acérrimos paladines por la supervivencia del mundo rural.Gran experto en el trabajo de comunicación conservacionista tras más de treinta años de profesión trabajando con animales de todo tipo, es hoy una de las figuras públicas más combativas y polémicas frente al alarde de analfabetismo medio-ambiental y objetivo prohibicionista, del nuevo movimiento eco/vegano/animalista que parece invadir nuestra sociedad occidental de la mano de la corrección política y el marxismo cultural.