Gillette, el hombre malo y la mujer sexy

Se ha montado un buen pollo con el anuncio de Gillette. No es para menos, está de moda demonizar al hombre y es normal que no guste el anuncio.

Se me ocurren dos motivos por los que esa guerra sin cuartel contra todo lo masculino, es cada vez más virulenta. El primero es que da mucha pasta, y demasiada gente vive de esto como para ahora retractarse de lo que a todas luces es una tontería, que el hombre sea un ser moralmente malo. 

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El segundo, es que tenemos en el poder a una manada de ineptos que, lejos de poner fin a tanta estupidez, que divide a la sociedad en base a nada, hace lo posible por perpetuarla. 

Sin el dinero y sin el poder del Estado, sería imposible convencer a más de 100 personas de todo un país para que se tragaran las gilipolleces que a todas horas escuchamos por doquier. 

Y cuando estas gilipolleces, que deberían ser defendidas por 4 frikis y no más, se convierten en gilipolleces de Estado, la gente se harta, pues asiste impotente a un espectáculo bochornoso, y es cuando dice: HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO. Y gracias a Dios cada vez son más las personas que no están dispuestas a convertir al hombre y a la mujer en enemigos irreconciliables, ni van a pasar por el aro de esa doctrina de Estado que no tiene el mínimo respeto por la realidad ni la mínima credibilidad científica. 

Y por si alguien tuviera dudas, es igual de nocivo este anuncio que los anuncios que convierten el cuerpo de la mujer en empoderamiento, ya sea poniendo cara de estreñida y puño en alto en cualquier acto heteropatriarcal en cualquier lugar, menos en  una mezquita, ya sea con una sensual sonrisa y dulces palabras en un anuncio de lo que sea o comiéndose unas uvas.

Ni el hombre es peor que la mujer, ni mostrar el cuerpo femenino es un acto de empoderamiento. 

Lo primero es un desprecio al hombre, fruto del odio que se está gestando, y lo segundo es la cosificación de la mujer, que no es más que un profundo desprecio hacia su persona. Lo que hay es desprecio al ser humano y punto. Desprecio a eso que nos hace hombres y que se llama DIGNIDAD.