Europa se quema

Las llamas que en la tarde del lunes consumieron parte de la Catedral de Notre-Dame, un templo que, como acertadamente apunta Jorge Buxadé, es la historia misma de Europa, de la verdadera y eterna Europa, son la lamentable metáfora de la Europa actual, una Europa cuya sociedad languidece en silencio bajo el yugo de ese marxismo cultural impuesto hace décadas por el eje París-Berlín y que se manifiesta a través de la dictadura de la corrección política, el globalismo, el multiculturalismo y la asimilación. Un proyecto que fomenta y subvenciona desde Europa la propia destrucción de Europa, de su cultura, de su tradición cristiana y de sus valores.

Si bien la versión oficial es que las llamas fueron provocadas por las obras de restauración que se están llevando a cabo en la zona de la aguja que se derrumbó, lo cierto es que parece demasiada casualidad, tanto por el momento, al inicio de la Semana Santa, como por los precedentes. Y es que la realidad es que los ataques a iglesias y centros religiosos están convirtiéndose en una constante a lo largo de todo el continente.

PUBLICIDAD

En Alemania, cuatro iglesias fueron profanadas en marzo, viéndose atacados también cementerios y estatuas. Pero donde el fenómeno se está dando con especial virulencia es en Francia, donde ha habido una explosión de manifestaciones vandálicas anticristianas desde la mal llamada crisis de refugiados que se agudizó en 2015. Según datos del Ministerio del Interior de Francia, en 2017 fueron 878 las agresiones contra centros cristianos, aumentándose a más de 1.000 durante 2018. Y solo en marzo de este año fueron profanadas una docena de centros de culto cristiano. En Nimes fue saqueada la iglesia de Notre-Dame des Enfants, robando el pan sagrado para tirarlo a la basura y pintando la cruz con excrementos humanos. Lo mismo le ocurrió a la iglesia de Saint-Nicolas de Huilles, donde una estatua de la Virgen María del siglo XIX fue completamente destruida. En Lavaur, saquearon crucifijos y estatuas, quemaron el mantel del altar mayor y aplastaron los brazos de Cristo en la cruz. Y en el mismo París, le prendieron fuego a la iglesia de Saint-Sulpice, poco después de la misa, hace apenas un mes. Tampoco España se queda atrás en todo este fenómeno anticristiano. El Domingo de Ramos, sin ir más lejos, vivimos un lamentable escrache contra la procesión de Semana Santa en Valladolid, organizado por la ultraizquierda y con la participación nada menos que de concejales del PSOE. Y es que no solo se da el fenómeno anticristiano en el mundo musulmán asimilado, sino también en esa izquierda globalista que anhela desde hace más de 100 años borrar cualquier atisbo de cristiandad de nuestras sociedades. Porque como interpretó Gramsci, el gran escollo para los planes internacionalistas de raíz marxista es precisamente el cristianismo, sus tradiciones y el arraigo en la sociedad de sus instituciones clave, como la familia. De ahí que lo prioritario sea alcanzar las mentes, la revolución cultural.

Por todo ello y sea o no finalmente premeditado, de lo que no cabe duda es de que en el caso concreto de Notre-Dame hay motivos suficientes para pensar más en un Windsor que en un accidente. Por suerte, las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina. Y es que tanto los que hoy sonríen, islamistas e izquierdistas por igual, como todos aquellos que, deseosos de despojar a Notre-Dame de sus profundas raíces cristianas, destacan únicamente su valor arquitectónico, no deben tener futuro en Europa.

Europa debe despertar, y debe hacerlo ya. Frente a las manifestaciones cosméticas y relativistas, como la donación de sueldos que plantea Antonio Tajani para la reconstrucción de Notre-Dame, debe erigirse un movimiento que, en palabras de Jorge Buxadé, devuelva a Europa la fuerza de su historia, de sus valores y de sus tradiciones, y que de las cenizas de Notre-Dame haga renacer una nueva Catedral enraizada y fortalecida en su Fe y en sus valores eternos. Porque Notre-Dame es mucho más que una joya del gótico. Es un símbolo cristiano que representa lo mejor de la tradición europea.