¡Es la oligarquía, no la eutanasia, progres!

Algunos definen a la izquierda como la fuerza que, movida por una solidaridad que le rebosa, busca mejorar la vida, sobre todo la de los más desfavorecidos. Desde luego, no es un proyecto muy original, porque ya lo han tenido y aplicado muchos conservadores, los fascismos, las monarquías absolutas, los curas y hasta algunos faraones. ¿Y cuáles son los medios con los que el Imperio Progre pretende hacer más fácil la vida a las personas? Con la eutanasia y con el permiso para que en los hospitales públicos entren los perros de los enfermos.

En todas las encuestas en Alemania, los Verdes aparecen como el partido que va a sustituir a la socialdemocracia (SPD) como primer partido de la izquierda. ¿Y qué programa tienen los Verdes? Parar el calentamiento global, reciclar plásticos, sustituir en las ciudades los coches por bicicletas, prohibir la carne roja y los vuelos en avión, construir rotondas, usar cadáveres para fabricar compost, casarse con quien te dé la gana, reducir la obesidad infantil, multar los motores diésel, reducir la población humana mediante el aborto y la eutanasia…

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Es exactamente el mismo programa que desde hace más de veinte años tienen los partidos socialistas, que nacieron hace más de un siglo para ser defensores de la clase obrera frente a la explotación del capital y los privilegiados, con unas pocas diferencias: los partidos socialistas todavía dedican algunas páginas más a las personas que a los animales, aunque sea para proponer la abolición de las fronteras.

Con la destrucción de la educación y la putrefacción de las televisiones, los socialdemócratas han contribuido a construir una sociedad infantilizada, en la que enormes capas de población carecen de todo vínculo comunitario y sólo se preocupan de la satisfacción de sus caprichos, se trate de mimos para sus mascotas o de una paguita mensual dada por el Estado para seguir con los porros y las copas.

Por eso, los trabajadores votan a partidos populistas, que hablan de la industria y de la nación, mientras los ‘millenials’ y las solteronas prefieren a los verdes, pacmas y ecologistas.

Guerra a Inditex, no a la banca

Mientras tanto, el capital, la plutocracia y las multinacionales desaparecen del lenguaje y los programas de la izquierda. Sin embargo, existen.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNCM), un organismo público español, acaba de multar a Naturgy y Endesa con más de 25 millones de euros por haber manipulado con diez centrales de ciclo combinado el sistema eléctrico para subir el precio de la energía en el invierno de 2017. De esto, no hablan los partidos. El silencio es tanto más inexplicable cuanto uno se desplaza hacia la izquierda. Las tropas de choque del Imperio Progre, que aúllan contra Amancio Ortega, el fundador y mayor accionista de Inditex, cada vez que cobra dividendos o hace una donación, no incendian Twitter cuando se conocen estos delitos o un expediente de regulación de empleo en el Banco Santander con más de 3.700 despidos.

El Imperio Progre ha elaborado el concepto de ‘pobreza energética’. Y para erradicar ésta, la izquierda no propone bajar los impuestos a la electricidad, que tiene el 21% de IVA, ni desmontar los cárteles de las empresas, incluso con penas de cárcel para los ejecutivos que pactan estas alteraciones de precios que empobrecen a las personas. Es más importante aprobar la eutanasia.

¿Y por qué los partidos de izquierdas se han olvidado de las clases trabajadoras y dejan tranquilos los negocios de las oligarquías? Qué difícil nos ponen no creer en conspiraciones.