El día que resucitaron a Franco y enterraron la democracia

Hoy hace casi 44 años que el General Franco falleció, en la cama, por cierto y resulta que por culpa de la ambición, capricho y prepotencia de unos pocos, está más vivo que nunca y es que sí: ¡han resucitado a Franco!

No solo le han resucitado, le han sacado de su tumba, amparándose en unas leyes redactadas ‘ad hoc’ para la ocasión, iniciadas por un Zapatero irresponsable, blanqueadas y consentidas por el cobarde de Rajoy y ejecutadas por el individuo que a día de hoy ocupa el palacio de la Moncloa.

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Ha vencido la democracia, dice la flamante vicepresidenta del gobierno con su camiseta de ‘i’m feminist’. No ‘bonita’ no, hoy habéis enterrado la democracia, hoy ha muerto la concordia de todos los españoles. Hoy, la historia está siendo escrita de forma arbitraria y unilateral, con fines  claramente electoralistas por unos políticos de profesión, al que sencillamente les importa un bledo que el resultado de todo esto sea una sociedad fragmentada, dividida y al paso que vamos irreconciliable. Hoy ‘bonitos’, ha muerto el sentido común, hoy habéis enterrado el denominado ‘espíritu de la transición’ y la historia, os juzgará por ello.

¿Porque se ha enterrado la democracia? muy sencillo de explicar. La democracia no solo es votar cada cuatro años, perdón, todos los años. La democracia es libertad de pensamiento, de culto y de opinión. La democracia es que todas las ideas puedan estar no solo representadas, si no que puedan exteriorizarse sin que una ley indigna como la Ley de ‘desmemoria’ histórica, imponga al individuo lo que tiene que pensar y opinar, ni prescriba lo que se puede o no se puede decir, sin que suponga exaltación de algo prohibido expresamente. 

La democracia insisto, consiste en la libertad, no en imponer a una familia que repose los restos de su abuelo donde les obligue el gobierno de turno, pese a que haya sido el Jefe del Estado hace más de 40 años. La democracia, no consiste en que la preocupación del presidente del gobierno sea la de elegir el día que se exhuma a una persona contra el criterio de su familia, contraviniendo todo tipo de acuerdos con la iglesia, mientras paralelamente renuncia a ocuparse y atender sus compromisos ante la grave situación que vive el país actualmente, especialmente en Cataluña. 

No, la democracia no consiste en que el presidente de gobierno, en funciones por cierto, elija, decida y de instrucciones sobre las formas que deben seguirse para exhumar los restos de una persona, ni como cuando y donde proceder a su traslado. 

Estos días hemos comprobado, como la Guardia Civil recibía instrucciones de cortar y denegar el acceso al Valle de los Caídos, dejando fuera a las personas que querían acceder al recinto, impidiendo incluso la entrada a los huéspedes que estaban alojados en la hospedería, pese a tener en sus habitaciones contratadas y pagadas, sus maletas y pertenencias. Las últimas semanas, la benemérita también ha prohibido, siguiendo instrucciones  de ‘las autoridades civiles’, la celebración de la Santa Misa en la propia basílica del Valle de los Caídos, lugar de culto al que no pueden extenderse las competencias civiles, ni las ordenes impuestas por el gobierno, todo ello por cierto, ante el silencio cómplice de la Conferencia Episcopal. 

Es de sobra conocido, que en el Valle de los Caídos reside una comunidad benedictina que permanece al frente de la basílica y de la abadía desde 1958 por instrucción del Papa Pío XII, cuando dispuso la construcción de la abadía y el traslado de unos monjes procedentes del Monasterio de Silos, con el fin, de iniciar la nueva comunidad benedictina que allí permanece desde entonces. Pues bien, estos días se ha impedido incluso al Prior de los monjes benedictinos que allí residen y que tienen la competencia del culto en la basílica, ya no solo la celebración de la Santa Misa, si no el acceso a la propia basílica, encontrándose en su interior guardias armados que custodiaban se cumpliese en este lugar sagrado ¿las ordenes de quién? Las ordenes de un insensato, chulo, prepotente y porque no decirlo, macarra en las formas y en el fondo, violando el principio fundamental de la libertad de culto, ordenando entrar con las armas en un lugar sagrado, esas armas, que precisamente ha prohibido usar para apaciguar los graves disturbios de la última semana en Cataluña. 

En el ritual impuesto por este gobierno en funciones que tenemos, se ha impuesto a la familia el tiempo máximo de dos minutos para un breve responso en el proceso de exhumación, la incautación, también a la familia, de teléfonos móviles y de aparatos audiovisuales y la prohibición expresa a los medios de comunicación, de grabar imagen alguna del ‘acto’, siendo el propio gobierno bajo la supervisión del secretario de estado de comunicación, quien filmase el ‘demócrata acontecimiento’ para posteriormente, distribuir las imágenes que estimasen oportunas, permitiéndose el lujo de afirmar que con estas medidas y estas formas, ha ganado la democracia.

También hemos podido comprobar, cómo se ha prohibido por parte de la Delegación de Gobierno, cualquier tipo de concentración en las inmediaciones del cementerio de Mingorrubio del barrio de el Pardo,  así como la exhibición de símbolos y banderas que pudieran recordar épocas pasadas o lo que es lo mismo, se permiten banderas pre constitucionales y anticonstitucionales como es la bandera tricolor de la republica a lo largo y ancho del país, incluso en los propios actos y mítines del partido que ocupa en estos momentos el gobierno en funciones, pero el resto queda literalmente prohibido, pese a ser banderas o símbolos en ocasiones del todo legales en derecho, le pese a quien le pese.

El resumen es, que hoy en España, han enterrado la libertad de pensamiento y de opinión, la libertad de culto y en definitiva la libertad de poder expresarse de forma contraria a como prescribe el gobierno y la prensa mediática a su servicio, pero han resucitado fantasmas del pasado que, quien sabe, a lo mejor como el Cid, son capaces de ganar su última batalla después de muerto.