De Coripe a Lavapiés

¡La que han armado los medios por un pelele! Que los habitantes de Coripe quemen en efigie a Carlos Puigdemont , no debería provocar el rasgueo de vestiduras y crujir de dientes que hemos soportado durante estos días. Si nos paramos a revisar antecedentes históricos, esos mismos separatistas que claman contra este singular chivo expiatorio, no dudaban en celebrar la quema de fotos del Rey y de banderas de España como alborozadas y alegres expansiones de un pueblo libre. Todos recordamos el aquelarre de Gerona o aquel ninot de Felipe VI expuesto en ARCO y cuya condición de venta era su quema por el propietario. ¿Es que sólo pueden quemar muñecos y banderas los separatistas? ¿No tenemos el resto de los españoles ese privilegio foral?

Hemos de reconocer que el pueblo de Coripe tiene un sano sentido político y ha sabido identificar sin marrar el tiro a uno de los principales enemigos de la patria, alguien cuyo triunfo no va a traer sino desgracias a España y a Cataluña. Igual que la gente de a pie en 1808, los  coripeños han hecho su Dos de Mayo contra un sujeto que, hay que recordarlo, es un prófugo de la Justicia, acusado de lo que antes se conocía como crimen de lesa patria. Puigdemont  figurará en nuestra Historia Nacional de la Infamia al lado del conde Don Julián, el obispo Don Oppas, Bellido Dolfos y Antonio Pérez.

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Por supuesto, el doble rasero forma parte del canon retórico del régimen del 78. Verbigracia: los jueces han confirmado que  Mame Mbaye, el mantero muerto de un ataque al corazón en Lavapiés el 15 de marzo del año pasado, no fue ni acosado ni hostigado ni perseguido por la policía. Los magistrados de la Sala Cuarta de la Audiencia Provincial de Madrid confirman el sobreseimiento del Juzgado de Instrucción número 48 y afirman que el “caso” fue construido sobre “especulaciones o conjeturas de la parte apelante [SOS Racismo], carentes de sustento objetivo”. No sólo eso, frente a la versión universalmente difundida del acoso policial al infortunado mantero, la Sala explica que “no se desprende el más mínimo vestigio de que el fallecido se hubiese visto sometido personalmente a ningún tipo de hostigamiento o persecución policial previa que pudiera haber desencadenado los letales efectos de la patología cardíaca que presentaba”. Es decir, que el cartón que la extrema izquierda puso donde murió Mame Mbaye, entre la calle del Oso y Mesón de Paredes,  y que rezaba que “murió víctima del racismo institucional del Estado español”, es mentira. Pese a lo cual, ya Izquierda Unida afirmó cuando fue retirada aquella placa ersatz que “mil veces que la quiten, mil veces que volverá a ser puesta”. La verdad nunca le ha reventado un eslogan a los marxistas. Tras semejante desautorización judicial, no sabemos por qué no ha dimitido ya de su cargo la concejal Rommy Arce, que injurió gravísimamente a las fuerzas del orden. ¿Y Carmena? ¿No se da por aludida?

Hablando de placas municipales. El Ayuntamiento ha tenido a bien dedicar una en el parque del Oeste a Cristina Ortiz, más conocida como La Veneno, transexual que saltó a la fama en el late night show de Pepe Navarro en los años noventa. Recomiendo vivamente al lector que busque a La Veneno en Internet para que se informe sobre los modelos de virtud cívica, de heroína del trabajo socialista, que ensalza el soviet de Carmena. Tampoco se comprende que las transexuales toleren que se les estigmatice con semejante estereotipo. Mientras, se discute si Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Gerardo Diego o Eugenio D’Ors merecen ser recordados por el municipio. En realidad, que esta gente te homenajee es un insulto. ¡Ay, Carmena!

¿Alguien dijo Ubú Alcaldesa?

Una última hora: parece ser que las víctimas de los atentados de Sri Lanka, 290 muertos cristianos en el Domingo de Resurrección, no fueron asesinados por la extrema derecha supremacista ni por budistas radicales ni por una rama disidente del Hare Krishna, como todos sospechaban. Resulta que se trata, sorprendentemente, de un grupo islamista local, posiblemente regido por perturbados. Miren la noticia en las últimos recodos de la prensa, porque, por lo visto, el credo religioso de los criminales no es relevante en este nuevo caso aislado.